El dislate de las tarifas

Con el anuncio realizado por el presidente de Ancap, Jorge Sanguinetti, el panorama de la política tarifaria parece completarse. Al parecer en un par de semanas se conocerían los nuevos precios del combustible que, como está ocurriendo con la energía de UTE, el agua de OSE y la telefonía de Antel, determinarán una nueva baja en la recaudación y, por supuesto, una acumulación de stock –en el caso de las naftas– que nuevamente deberá ser comercializada a precios ruinosos en la Argentina.

Entonces, ¿cuál es la explicación de esa política tan abstrusa? Solo una: cumplir con lo estipulado en la carta de intención firmada con el FMI que establece claramente que las tarifas deben incrementarse en mayo y agosto. Podría existir otra explicación que se maneja como posibilidad, pero que la realidad económica está comenzando a desmentir. Es evidente que el intento del gobierno de licuar sus deudas con los proveedores, en el marco de una fuerte inflación, se ha convertido en un justificativo fuera de tiempo para determinar este incremento tarifario, adoptado con apurada improvisación. Pues no existe ninguna paramétrica, ni cambios en el precio de la divisa, ni posibles incrementos en los salarios, que justifiquen un incremento del 6 % en la energía, del 5,05% en el agua y del 3,5% en Antel.

La explicación que intentan algunos y que, obviamente, otros expresan el deseo que ocurra, es producto de una visión antojadiza del proceso económico y que ha comenzado a desmentir las propias cifras que salen a luz.

El apaciguamiento de la suba de precios es más que evidente, habiéndose ingresado en un proceso de deflación los elementos importados. A ello se suma el descenso del precio del dólar que parece imposible de contener con las continuadas intervencioners compradoras que realiza el Banco Central.

Es evidente que tanto error está vinculado a una visión absolutamente equivocada de la crisis que estamos viviendo los uruguayos.

La licuación de las deudas –un recurso utilizado en el pasado por las mutualistas que, pagando a 90 días, obtenían evidentes beneficios– ya no es posible, porque es tal la caída de la demanda que esa presunta licuación es contraria a la propia economía. Si a ello sumamos el proceso contradictorio de inflación y deflación, vemos cómo se incuba un ahondamiento de la crisis.

Otro elemento que surge en este descontrol con las tarifas está vinculado a la integración de un equipo económico que no piensa con cabeza propia y que ideológicamente se encuentra sometido a lo manejado en los mecánicos esquemas fondomonetaristas. Se acordaron incrementos tarifarios pero a nadie le pasó por la cabeza que en la actual situación el proceso es el inverso al buscado. UTE venderá este mes menos energía, también ocurrirá con el agua de OSE, y se hablará menos por teléfono.

Cuando dentro de unos días se incrementen nuevamente los combustibles, se venderá menos nafta, la gente en una proporción similar al incremento, guardará sus vehículos y la actividad económica se contraerá un poco más. Además se reducirá la recaudación impositiva. Y en el gobierno todos contentos, especialmente los integrantes del equipo económico, por haber cumplido con el FMI.

Por supuesto, más allá de que la medida actuará negativamente sobre el conjunto de la economía. *

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