Endeudamiento: se escuchan propuestas
¿Cómo resolver una situación en que el culpable principal, que es el gobierno, parece sentirse desvinculado? Lo ocurrido luego de la devaluación de 2002 –en que el presidente Jorge Batlle y su escudero, Alberto Bensión, sostuvieron cosas tan peregrinas como que la cotización de la divisa no se dispararía y que sería el fiel reflejo de la libertad de mercado en el marco del juego de la oferta y la demanda– fue uno de los factores que desencadenaron el problema.
Contrariamente a sus predicciones, en pocos días, el dólar había saltado el ciento por ciento de su cotización, determinando que las deudas en divisas comenzaran a multiplicarse, convirtiéndose en impagables.
Claro que tienen razón quienes, al no estar endeudados, reclaman que los coletazos de las soluciones que se arbitren para el eudeudamiento, no los afecten. Por supuesto que quienes tuvieron una actitud moderada y no se dejaron llevar por las palabras del oficialismo gobernante, que aconsejaban endeudarse en dólares, se sentirían victimados por una solución para quienes, más allá de la realidad que se vivió en ese momento, atendieron los cantos de sirena o –como también ocurrió– resolvieron, por otras razones, endeudarse en dólares para adquirir bienes de distinta índole.
Pero en este país convulsionado existen más actores con una participación destacada que también están distorsionando la solución del problema. Hay representantes de la banca, que es otro de los actores con papel de primera magnitud, que hablan ahora del respeto que hay que tener por el cumplimiendo de los contratos privados y que no hacerlo rompería el equilibrio financiero. Aseguran que quienes han mantenido o retomado su confianza en el sistema financiero, los depositantes, perderían las razones para mantener sus depósitos a buen resguardo.
Claro, este señor no menciona que el país vivió una crisis financiera brutal que fue el resultado de la existencia de un sistema ficticio, funcional a los depósitos de dineros mal habidos provenientes, especialmente, de la Argentina. Sistema que ante un cambio de las reglas del juego, se cayó a pedazos. Tampoco dice que el gobierno, cuando se estaba produciendo el desplome, en lugar de adoptar las medidas precautorias y adecuadas, tratando de evitar males mayores, puso en marcha un descomunal plan de salvataje que tuvo, como corolario, la pérdida de más de seis mil millones de dólares y el inicio de un default interno que afecta todavía a infinidad de proveedores del Estado.
Este es el marco en que aparece en endeudamiento interno. Una verdadera catástrofe nacional que engloba a cientos de miles de familias y cuya resolución es compleja. En primera instancia, es más que evidente, que existe un camino que tendría un resultado dudoso que, en definitiva, no resolvería nada. ¿El respeto de los contratos que quieren los bancos, en que los deudores acordarían con los acreedores rebajas, mayores plazos y menores tasas de interés, sería una resolución cabal para la controversia? ¿Alguien cree realmente que hay muchos uruguayos que pueden destinar alguna parte más de sus menguados ingresos en pagar lo adeudado? Los autores de esa solución no deben haber recordado que el consumo privado ha caído en más de un 60 por ciento, con una destrucción de riqueza, medida a fin del año pasado en 10 mil millones de dólares. ¿Cómo estiman la morosidad que se vive, por ejemplo, a nivel del Banco Hipotecario, en que el 50 por ciento de los deudores ya no paga sus cuotas?
Obviamente, el acuerdo privado desembocaría en la ejecución de garantías en un marco negativo, de una deflación de precios de bienes que ya no tienen colocación ¿Verdaderamente creen los acreedores que podrán resarcirse de lo adeudado liquidando esas garantías? ¿No se estaría alimentando, echando más nafta a la hoguera, de una situación explosiva de difícil pronóstico?
Por supuesto que existen otras prevenciones a analizar. Ante cualquier solución que se establezca, se dice: ¿no se produciría la incorporación de oportunistas, malos pagadores consuetudinarios, que se subirían también a este carro?
Claro, todo ello puede ocurrir. Y muchos, en esta problemática, más parecida a una vorágine kafkiana, que fue el resultado de la aplicación de medidas económicas por parte de un gobierno que no entendió que se había derrumbado todo un modelo económico, caducando todas sus expectativas, fundamentalmente las más peregrinas, que querían que Uruguay se convirtiera en un «paraíso financiero».
Es evidente que no todo se puede dejar a la deriva. Parece un despropósito que un problema de esta magnitud, que tiene una gravísima connotación social, afectando a miles de familias y a empresas financieras, sea resuelto sin ser determinante el análisis de lo ocurrido en el país. Mantener, como reclaman los bancos, la vigencia de los contratos, es no considerar que las reglas del juego en toda la economía uruguaya se han modificado.
Es no tener en cuenta ni la crisis, que todavía se vive, ni la política de «perdonazos» que se han reiterado en el país con otros sectores y, en especial, los arbitrados para el sistema financiero. Miles de millones de dólares que han sido «socializados» entre todos los uruguayos y que, siempre, han favorecido a los mismos protagonistas del sistema financiero.
Mientras todo esto se debate, se escuchan ideas. *
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