La inseguridad y las soluciones policiales

Hace pocos días, esta página editorial otorgó un «Diez Puntos» al ministro del Interior, Guillermo Stirling, en razón de su rápida reacción contraria a las razzias. La tan desprestigiada práctica policial no se reimplantaría, aseguró el ministro ante declaraciones a la prensa del jefe de Policía de Montevideo en las que el jerarca no había emitido un mensaje claro y dejaba dudas en cuanto a la posibilidad de volver a las detenciones masivas en averiguaciones.

El escribano Stirling –un veterano ya en el delicado cargo– se caracterizó por una postura correcta, de prudencia y sensatez, exhibiendo siempre su loable preocupación por mejorar la labor de la Policía –desde el punto de vista técnico y moral– y por aparecer como celoso custodio del respeto a los derechos y garantías.

Ahora bien, ante el recrudecimiento de la actividad delictiva y ante el lógico reclamo de la población que se siente desprotegida, la Policía ha resuelto disponer operativos de vigilancia que han suscitado algún cuestionamiento: se incrementará el patrullaje urbano y los agentes del orden podrán exigir el documento de identidad y controlar porte de armas (lo que se conoce vulgarmente como «cacheo») a todo ciudadano «en actitud cavilosa», ya sea peatones, pasajeros del transporte colectivo u ocupantes de un automóvil; en el instructivo se advierte a la población sobre la puesta en práctica de estas medidas preventivas y se exhorta a los funcionarios a observar un comportamiento educado y cortés. Estas medidas de vigilancia –que no son nuevas pero que la resolución policial ha dotado de nuevo vigor– apuntan a controlar ciertas zonas de la ciudad consideradas de especial riesgo.

Tales prácticas (exigencia de exhibir documentos y cacheo) generan un rechazo a priori pues inevitablemente nos recuerdan los oscuros años de plomo en que todos éramos sospechosos y las fuerzas represivas actuaban con total discrecionalidad; nos retrotraen a las odiadas «pinzas» y a las detenciones sin explicación.

También desde esta página formulamos una «Preguntita» acerca del criterio con que los funcionarios a cargo de los operativos dictaminarían que determinada persona se ha hecho acreedora a ser investigada en la vía pública; y expresábamos nuestras reservas sobre el punto y nuestra preocupación por los posibles desbordes de autoridad que podrían cometerse.

Pues bien, ya en el primer día de su aplicación, la práctica policial recientemente relanzada con toda pompa ha confirmado –por desgracia– nuestras prevenciones. Suman varios los casos de procedimientos policiales en los que la educación, las buenas maneras y la cortesía han estado ausentes en el comportamiento de los encargados de los procedimientos.

Malos modales, prepotencia –cuando no malos tratos–, han sido la tónica de la actuación policial en las primeras acciones desarrolladas en el marco de la nueva táctica.

Era previsible. No olvidemos que en todas las latitudes y en todas las épocas, la Policía no se ha caracterizado precisamente por su cortesía. Y es explicable que así sea desde el momento que su tarea exige un contacto permanente con el submundo del hampa, donde los miramientos y los buenos modales no son moneda corriente. Pero precisamente por eso los jerarcas deben ser extremadamente cuidadosos y no deben limitarse a sugerir a sus funcionarios que actúen con cortesía.

Deberían tener en cuenta esa característica y no estimular acciones policiales en las que puede asomar fácilmente un modo de actuar que –so pretexto de defender a los ciudadanos– atenta contra sus derechos y garantías.

La población está atemorizada y exige seguridad, es decir, reivindica su derecho a vivir con tranquilidad, sin que su persona y sus bienes se vean amenazados. Pero al mismo tiempo, la gente también exige que se respete su derecho a desplazarse libremente sin ser molestada. Y menos está dispuesta a tolerar que su forma de comportarse pueda ser considerada sospechosa por un agente y en consecuencia ser detenida y pasar la noche en una comisaría.

Ante las denuncias de desborde policial, felizmente el ministro ha anunciado medidas correctivas.

Hacemos votos por que así sea. *

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