Seiscientos mil puestos de trabajo
Son los que promete crear el nuevo presidente argentino en un plazo corto aplicando a ese objetivo parte de los recursos destinados en principio a los renegociados pagos de la deuda externa. Tal el impactante y más importante anuncio por lo menos para el suscrito efectuado por Néstor Kirchner, como esperanza de los argentinos para el comienzo del gobierno. Este objetivo, impensable hasta hace poco tiempo como planteo del gobierno argentino, ya no forma parte de una campaña puramente propagandística en pos de la presidencia, como pudo suponer, en su momento, la propuesta de Rodríguez Saá luego de declarar el default.
La intervención del Estado en la dinamización de la economía, y en la consecuente creación de puestos de trabajo, es una actitud que siempre han adoptado y seguirán adoptando los gobiernos de los países desarrollados para salir de las coyunturas recesivas. Interin, los organismos financieros internacionales, donde ellos mandan, estigmatizan esta heterodoxia, cosa que repiten gobiernos como el nuestro y todavía de algunos países latinoamericanos, bajo la autoamenaza de terribles consecuencias, como las que finalmente sufrimos aplicando las recetas, traducidas en la pérdida de los equilibrios macroeconómicos, corte de los créditos, huida de capitales y finalmente devaluación de la moneda.
Un rugido de ratón hacia Argentina
Es el que lanzó en su momento Bensión, apoyado por Batlle, asegurando que los 3.000 millones de dólares de las reservas le alcanzarían con creces para defender los embate contra nuestra moneda, cubriendo según él dicha suma tres veces el circulante en aquellos momentos. La ínsula uruguaya estaba así a salvo de las consecuencias de la problemática argentina. Y todos sabemos y seguimos sufriendo lo que pasó. En el plano productivo las consecuencias de las medidas tomadas por Argentina durante todo ese proceso de descalabro nos marginaron de su mercado y de muchos otros. Ahora, si los nuevos gobernantes cumplen lo que están prometiendo, el gran país hermano saldrá como en estampida hacia adelante, con todas sus deudas a cuestas, por los cuales los acreedores tendrán que esperar, como ha sucedido con el canje de los bonos en nuestro país. La diferencia estriba en que el nuevo presidente argentino aún antes de negociar con los acreedores está planteando el destino a darle a parte de los recursos, con especial énfasis en medidas de apoyo a la producción, generación de puestos de trabajo y solución de la problemática social a través de la política económica, como asimismo en la obra pública no faraónica, comenzando con un programa acelerado de construcción de viviendas. Interin, aquí, contentos con el estiramiento de los plazos para pagar, seguiremos languideciendo hasta un final manso y previsible.
Los puestos de trabajo serían creados a través de convenios con las provincias, asegurando la descentralización en las asignaciones de recursos. Instrumento necesario también para concretar proyectos de obras públicas, dinamizadores por excelencia en situaciones como las que viven nuestros países. En ese sentido, a diferencia de la megaconcesión uruguaya, donde el Estado invirtió en poner a punto infraestructuras viales para que otros hicieran la ganancia, en Argentina los recursos fiscales se aplicarían directamente en apoyo de emprendimientos que generen puestos de trabajo.
La obra pública
En el contexto reseñado cobran particular importancia las obras públicas, ligadas al proceso de integración regional, que adquirirá renovado impulso con la recuperación argentina. Junto a la realidad de la finalización del enlace vial Rosario-Victoria, extraordinaria obra integradora hacia adentro y hacia fuera de Argentina, aparece también en el horizonte integrador y de ocupación laboral el enlace vial Nueva Palmira-Zárate Brazo Largo, nexo físico este último que llenaría necesidades de ambos países y de los restantes del Mercosur. Para el Uruguay, concretamente, implicaría la potenciación del puerto de Nueva Palmira-Zárate Brazo Largo, nexo físico este último que llenaría necesidades de ambos países y de los restantes del Mercosur. Para Uruguay, concretamente, implicaría la potenciación del puerto de Nueva Palmira y el desarrollo de una de las zonas más productivas del país, como lo es el litoral suroeste. Pero además, dicho proyecto es funcional al eje vial San Pablo-Buenos Aires, cuya creación está en la mira del gobierno de Lula y sin duda será apoyado por Kirchner. Hay además en perspectiva miles de puestos de trabajo, directos o indirectos, que tanto el enlace vial como el eje vial referidos crearían, más su influencia en el futuro de nuestras naciones y en las del cono sur, lo cual contribuiría a ayudar a olvidar en parte las penalidades sufridas en manos de gobernantes excluyentes, coadyuvando a recrear el viejo sueño confederal artiguista traicionado, como asimismo la olvidada premonición peronista de que el siglo XXI encontraría a América Latina «unida o sometida». *
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