La plaza Rodney Arismendi en el Cerro

En el marco del Encuentro internacional sobre «América Latina: su potencialidad transformadora en el mundo de hoy», organizado por la Fundación Rodney Arismendi, se inaugura el viernes 30 la plaza que llevará el nombre del gran dirigente político uruguayo, ubicada en la Rambla y Carlos María Ramírez, a la entrada del Cerro. La oratoria estará a cargo del intendente Mariano Arana, del presidente de la Junta Departamental Carlos Varela, del presidente de la Fundación Ruiz Pereyra Faget y será clausurada por Armando Hart, ex ministro de Cultura y director de la oficina del Programa Martiano.

Nunca más justiciero un homenaje como el que se tributa en esta ocasión al fundador del Frente Amplio, brillante parlamentario y dirigente de primera línea del PCU. La vida de Rodney Arismendi está entrañablemente ligada al Cerro, que fue un núcleo de concentración de trabajadores de la industria frigorífica, una amalgama de inmigrantes venidos desde distintos orígenes y un pedazo de la historia de Montevideo y sus habitantes, con peculiar y acentuado regionalismo. Arismendi ingresó a la Cámara de Diputados en 1946 con un proyecto de beneficio para los trabajadores de la carne, y en sus 27 años de actuación parlamentaria  en que devolvió al concepto de representante del pueblo su contenido original  presentó innumerables iniciativas, muchas de ellas transformadas en ley, de aumento de las compensaciones para los obreros y empleados de esta industria zafral (de las horas compensadas y del monto horario), de su incorporación a la licencia (el famoso artículo 13), y de aplicación de la ley de industrias insalubres, que él mismo había gestado, a numerosas secciones de estas empresas. Era la época en que la vida del Cerro giraba en torno a los frigoríficos extranjeros, el Swift y el Artigas (Armour), y al Frigorífico Nacional, que siempre fue objeto de la defensa de Arismendi por su carácter de ente testigo frente a la voracidad de las filiales del trust imperialista.

Guardo en la memoria múltiples imágenes de ese prolongado período. Veo a Arismendi en los portones del Swift, en compañía alternativamente de Enrique Rodríguez, Enrique Pastorino o Jaime Pérez, abordando a cada obrero que salía con su paquete de dos kilos de carne envueltos en papel de astraza, para informarles de los proyectos presentados en Cámara. O tomándose una grappa del pico de la botella junto a los camiones de trabajadores venidos del Cerro, para festejar la aprobación de una ley. O marchando en las manifestaciones del 1º de Mayo entreverado con los obreros en la columna que bajaba del Cerro, y en particular el abrazo de ésta, en Agraciada y Zufriategui, con el contingente que se había concentrado en el Palacio Legislativo, en una conmemoración histórica y de máxima unidad de la fecha internacional.

Lo recuerdo en reuniones de su agrupación partidaria, la del Swift. Pero aún más destacables fueron los cientos de encuentros que realizó con pequeños grupos de trabajadores en sus casas, a veces recibido con un asadito los domingos, para revertir una situación de confrontación originada en la época de la guerra. Fueron años de labor sistemática, paciente, de didáctica política, que enlazada a la labor parlamentaria cambió efectivamente la situación en la Villa y las relaciones con la aguerrida Federación sindical. Conocí a numerosos participantes en sus tareas, algunos pasaron por cursos de educación política y marxismo a mi cargo y nos hicimos amigos de por vida. Muchos desaparecieron, otros siguen en actividades diversas, algunos entre los jubilados. Voy a mencionar un solo nombre, que los simboliza a todos: Erlinda Gutiérrez, un ejemplo de trabajadora consciente, combativa y sensible, profundamente humana. Esta relación se completa con la investigación de los frigoríficos extranjeros promovida por el diputado Arismendi, un hito de considerable resonancia de la vida política del país, comparable a la promovida por Lisandro de la Torre en el Senado argentino. La investigación, iniciada en 1956, documentó la exacción permanente que los frigoríficos extranjeros, con la complicidad de sucesivos gobiernos, perpetraron contra la economía nacional. Quedó probada la sucesión de robos, desfalcos, maniobras dolosas y fraudes contables (antecedentes lejanos y en miniatura de los WorldCom de hoy) cometidas por las vías más variadas por estas empresas, que descubiertas en su juego se mandaron mudar. En contraposición se lanzó el proyecto de creación de una gran industria nacional frigorífica única. La investigación contó con el concurso inestimable del contador Guillermo Bernhard, a quien también evocamos en esta alumna.

Sin duda nos veremos el viernes en la inauguración de la Plaza con buena parte de los veteranos de aquellas épocas residentes en el Cerro y zonas aledañas, junto a jóvenes deseosos de empaparse en esas tradiciones, ligadas indisolublemente a la vida y a la acción de Rodney Arismendi. *

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