"La verdad (sobre Irak) saldrá a flote"

La afirmación pertenece al senador demócrata por Virginia Occidental, Robert C. Byrd, en un discurso pronunciado el miércoles 21 en el Senado de los Estados Unidos.

La contundencia de sus dichos en esa oportunidad parece venir a remediar la preocupante situación creada por la pasividad y el silencio del Partido Demócrata ante la impetuosa acometida que, en todos los planos, viene desarrollando el presidente George W. Bush.

En los Estados Unidos, uno de los países democráticos con mayor relevancia presidencialista, el Congreso se reservó tradicionalmente una serie de mecanismos de control que operaban como contrapeso, en un sentido u otro, a las inflexiones personales de los ocupantes de la Casa Blanca.

Con el advenimiento del gobierno presidido por Bush y, sobre todo, a partir de los atentados del 11 de setiembre, el poder ha tendido a concentrarse en manos del señor Presidente.

Y desde entonces parecieron cesar no sólo los tradicionales contrapesos legislativos sino la mera enunciación de reflexiones críticas por parte de los adversarios políticos del Partido Republicano.

Es eso lo que parecería estar terminando con las cáusticas afirmaciones del senador Byrd.

Como suele ocurrir con un alegato político fundado y con un buen rumbo, el discurso del senador demócrata le da sentido y proyección a una serie de datos que se han ido conociendo en las últimas semanas. Y además, con sus palabras, muestra los lazos de las políticas y los compromisos en el campo internacional con la abigarrada madeja de los problemas internos que subyacen en el Estado norteamericano.

El legislador se pregunta «¿Qué tan costosa será la ocupación y la reconstrucción? Nadie nos ha dado una respuesta directa. ¿Cómo haremos frente a este compromiso masivo: combatir el terrorismo dentro del país, atender una seria crisis interna en atención a la salud, sufragar el enorme gasto militar y conceder miles de millones de dólares en reducciones de impuestos, todo ello con un déficit que se ha trepado a 340 mil millones de dólares tan sólo en este año? Si se aprueban los recortes de impuestos propuestos por el presidente, serán 400 mil millones. Nos encogemos de miedo en las sombras mientras proliferan las afirmaciones falsas.»

Advierte la existencia de una fuerte propensión a la apatía política, incluso en el Senado. Sabe que «a veces es más fácil hacer caso omiso de hechos incómodos y transigir con cualquier distorsión que esté en boga», «Exigir la verdad», agrega, «es difícil, es impopular o puede resultar políticamente costoso».

No se detiene por eso. Al contrario, ataca a los problemas de frente, con nitidez y dureza: «El pueblo estadounidense fue conducido con engaños a aceptar la invasión de una nación soberana sin que mediara provocación alguna, en violación del derecho internacional vigente durante mucho tiempo, y bajo premisas falsas.»

Desnuda después toda la operación de guerra y ocupación de Irak, donde «Estados Unidos parece estar aplastando el clamor Iraquí por la autodeterminación.»

A las tremendas responsabilidades que le caben a Bush y su gobierno, incluyendo los lucrativos contratos para reconstruir la infraestructura iraquí, Byrd agrega una aguda referencia a las consecuencias internacionales de la política agresiva desplegada por Bush: «De hecho, hemos prendido la chispa de una nueva carrera armamentista internacional en la que los países se apresuran a desarrollar armas de destrucción masiva como último recurso para protegerse de un posible golpe preventivo de este nuevo y beligerante Estados Unidos que afirma tener el derecho de atacar donde lo desee. De hecho, pocas cosas detienen a este presidente. El Congreso, en lo que pasará a la historia como su acto más desafortunado, entregó su potestad de declarar la guerra en el futuro previsible e invistió al presidente del poder de emprender la guerra a voluntad». *

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