La dimensión ética en el proyecto progresista

Forjar y consolidar mayorías progresistas pasa por varias direcciones que se potencian mutuamente:

* La movilización social y ciudadana para imponer cambios ahora a la actual conducción socioeconómica responsable de las desgracias del país, porque las urgencias sociales y la reactivación productiva, así como la defensa de las empresas públicas no esperan.

* Tejer los espacios de diálogo, acuerdo social y alianzas políticas –la nueva mayoría– como sustento de la propuesta alternativa.

* Y al mismo tiempo crear las mejores condiciones para el triunfo popular en las elecciones del año próximo. En un marco de lealtad institucional y responsabilidad política, con rigor y celo en el diseño e impulso de nuestra propuesta que más que una estrategia político/partidaria es una estrategia de país. Una propuesta creíble, coherente, previsible, que brinde seguridades acerca de nuestro rumbo, que contribuya a consolidar un nuevo sentido común alternativo al neoliberal. Una propuesta que nuestra sociedad asuma con confiabilidad y entusiasmo respecto a un futuro más racional, sustentable técnicamente y socialmente más justo que lo vivido estos años.

Si no generaremos entusiasmo y confianza, aunque la derecha siga derrumbándose, se mantendrá la emigración, el escepticismo o el desánimo que podrán traducirse en votos en blanco o en retracción, restándole fuerza a la alternativa progresista. Y en la misma jerarquía que las direcciones anteriores, agregaría la dimensión ética en el proyecto progresista.

El descalabro neoliberal aquí como en otras partes del mundo ha estado asociado a la corrupción. Se impone, por tanto, defender la credibilidad ciudadana. No podemos dejar que se difunda la falsa imagen de que la política no sirve para nada y que los políticos son todos iguales. También es fundamental la trasparencia: la sociedad tiene el inalienable derecho a saber cómo se gastan los dineros públicos y en general –sin misterios– cómo se gestiona el Estado así como la inexcusable responsabilidad de actuar en consecuencia.

El compromiso del EP-FA con los cambios progresistas implica conjugar la actividad política con una serie de actitudes ciudadanas como ser, entre otras, responsabilidad, trabajo, dedicación, defensa de la democracia, del orden jurídico y de la participación popular, priorización del interés colectivo sobre el individual, combate a las desigualdades e injusticias. «No se puede ser frenteamplista y vagoneta o mala gente», decía Tabaré Vázquez en su discurso del 5/2/03.

Al mismo tiempo el proyecto progresista, en tanto propuesta de transformación de la sociedad, implica opciones valorativas.Vale decir, el deseo, la voluntad y el compromiso militante de avanzar hacia un horizonte de valores que se sienten más acordes a la dignidad de la persona humana. Nuestra opción por dicho proyecto se sustenta en la convicción de que en el mismo nuestra sociedad encontrará los caminos para superar sus dramas, desafíos y necesidades, así como en consideraciones de naturaleza ética y valorativa.

La razón instrumental, la que marca la sustentabilidad técnica y la eficacia de los recursos involucrados, debe conjugarse con la razón sustantiva, la que señala la correspondencia con los fines y valores. Es que para nosotros, medios y fines están indisolublemente unidos. Los fines, o sea el proyecto y los valores éticos, le dan sentido al proceso. Si los medios no están de acuerdo con los fines, más temprano que tarde éstos se pervierten. No puede construirse una sociedad justa tolerando formas abiertas o veladas de corrupción. o de elitismo. La experiencia histórica es tan dolorosa como contundente: aunque se invoque el interés supremo del pueblo, no puede construirse la igualdad sacrificando las libertades democráticas. Quienes ejercen un poder autoritario terminan reintroduciendo la explotación en su beneficio, perdiéndose tanto la libertad como la igualdad.

Los socialistas tenemos en el Congreso partidario que se realizará en julio próximo una excelente oportunidad para incorporar a nuestro Estatuto un Código de Etica que sistematice una serie de normas de conducta y valores pertenecientes a la tradición socialista –siempre presentes a lo largo de la historia, aunque a veces en forma no escrita– que expliciten determinadas pautas éticas que han de regular la práctica política de los socialistas. Entre ellas compromisos tales como:

El compromiso de que los progresistas vamos a mantener una conducta personal íntegra, como sostén de una sólida credibilidad ante la ciudadanía, rechazando toda permisividad que pueda tolerar formas de corrupción.

* que quienes ejerzan cargos a nivel del Estado deban hacerlo con austeridad, corrección, transparencia, dedicación y eficacia.

* que la propiedad o dirección de una empresa que contrate con una administración pública, sea causa de incompatibilidad en todo cargo público en el ámbito en que se desarrolle la actividad pública.

* ser objetivos y rigurosos en los procesos de concursos, licitaciones y contrataciones.

* brindar la máxima publicidad y transparencia a la gestión y al manejo financiero de los progresistas que ocupen cargos públicos.

* presentar y actualizar las declaraciones juradas de ingresos y actividades.

* hacer transparente la gestión y los gastos del Estado. La gente –que paga los gastos del Estado con su esfuerzo– tiene que saber cómo funciona el mismo y exigirle que esté a su servicio.

Este documento puede, a su vez, constituir la base del aporte de los socialistas para materializar y condensar la dimensión ética del proyecto progresista que también será motivo de consideración del Congreso del Frente Amplio previsto para fines del presente año. *

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