La moneda regional está lejos
Las visitas de Marco Aurelio García, principal asesor del presidente Lula y del vicecanciller argentino Martín Redrado, ponen en el tapete no sólo las diferencias de enfoque entre los socios del Mercosur, sino también diferentes voluntades políticas y alineamientos en bloques. Una saludable agitación se generó en el Mercosur y quizás más allá de la región.
Las propuestas ambos confluyen en relanzar un Mercosur que no está funcionando de modo correcto. Mientras los vecinos se miran y actúan entre ellos, el gobierno uruguayo difiere y permanece casi indiferente.
El domingo 4 de mayo, el ministro de Hacienda brasileño Antonio Palocci le propuso a Redrado crear una moneda común. La idea tiene sus orígenes en un planteo del presidente Lula durante la campaña electoral. Tres semanas atrás, los argentinos concluyeron que el acercamiento entre el real y el peso argentino, por la baja del dólar, generaba una paridad de hecho y entonces podría ser el momento para comenzar a realizar una coordinación cambiaria.
El proyecto de coordinación cambiaria ya tenía la aprobación del ministro argentino de Economía, Roberto Lavagna. Marco Aurelio García logró acordar que será Brasil el que financiará los estudios e investigaciones para iniciar esa coordinación cambiaria. La próxima cumbre del Mercosur, que tendrá lugar a mediados de año, tendrá a este tema como uno de sus protagonistas estelares.
Redrado y Palocci discutieron también las eventuales medidas a tomar con respecto a la caída del precio del dólar y el masivo ingreso de capitales golondrina.
A nivel monetario los desequilibrios bruscos son peligrosos. Así puede ser tan funesto un alza excesivo del dólar como su abrupta caída. Actualmente tanto Argentina como Brasil están viviendo un descenso del precio del dólar que indica un ingreso masivo de capitales golondrina que tratan de sacar provecho de las altas tasas de interés vigentes. El peligro de estos capitales es que llegan tan rápido como se van. En Brasil las tasas actuales son las terceras más altas del mundo, rondando el 26%, luego de la suba que el propio Lula estableció. Esto junto a la estabilidad y buenos resultados del nuevo gobierno brasileño, generaron la entrada repentina de US$ 5 mil millones al país norteño. El dólar pasó a valer alrededor de 3 reales, contra los 4 que costaba a fines del año pasado. En Argentina se vive un fenómeno similar de caída del dólar.
Esas rápidas variaciones del dólar pueden desestabilizar ya que por ejemplo los exportadores pasan a recibir menos reales por dólar, las importaciones pueden abaratarse, el consumo puede aumentar y la producción puede crecer o disminuir. Brasileños y argentinos discutieron la posibilidad de regular el ingreso de fondos especulativos, tal como existe en Chile por ejemplo.
Tanto Argentina como Brasil coinciden e impulsan una nueva fase del Mercosur, e incluso parecen enganchar al nuevo gobierno paraguayo, mientras Uruguay se muestra reacio a reactivar una política de integración regional y busca más bien un acercamiento a los EEUU, el Nafta y el ALCA.
Una nueva moneda regional no se instrumenta por decreto ni con ánimos voluntaristas. Más allá de sus ventajas, el camino es largo y complicado, como lo demuestra la creación del euro en la Unión Europea. Se trata de un objetivo de largo plazo. La Comunidad Económica Europea creada en 1947, recién pudo poner en marcha una moneda en común en 1999.
La coordinación cambiaria es un objetivo estratégico para instrumentar una nueva moneda, pero necesita de una coordinación monetaria y de distintos trabajos en común similares a los que desarrolló la Comunidad Europea en los años 70. Esta coordinación es un objetivo de mediano plazo.
Sin embargo desde tiempo atrás está planteado en el ámbito del Mercado Común del Sur, la coordinación de las políticas macroeconómicas. Este paso, de corto plazo, nunca contó, como hasta ahora, con la voluntad política de los socios mayores. Obviamente este salto cualitativo deberá enfrentar una inimaginable cantidad de amenazas.
Paradójicamente las políticas impuestas por los acuerdos con el FMI, que apuntan a lograr ciertos niveles de superávit fiscal y ciertos niveles de inflación a todos los países del Mercosur, están generando situaciones que van en desmedro del principal miembro del Fondo, los EEUU.
Si a EEUU le molesta la influencia y crecimiento que está teniendo el euro, es evidente que no puede ver con buenos ojos el surgimiento de una moneda regional para el Mercosur.
«Este sistema les dará inicio a las políticas macroeconómicas que necesita el Mercosur y que Paraguay reclama desde hace tiempo», declaró el viceministro paraguayo de Asuntos Económicos Internacionales, Rigoberto Gauto.
En nuestro país, el presidente del Banco Central del Uruguay (BCU), economista Julio de Brun, expresó: «Por ahora coordinar con Argentina y Brasil no está en nuestros planes».
De todas maneras, aclaró que «en la medida que sea un instrumento que ayude a generar cierta disciplina monetaria y fiscal entre Argentina y Brasil, bienvenido, porque Uruguay en definitiva también se beneficia por ello. No es como el caso de un acuerdo comercial que el quedar afuera puede implicar perder determinadas ventajas comerciales». De Brun parece no tener en cuenta la dependencia comercial e incluso monetaria que tiene el Uruguay con respecto a sus dos vecinos mayores. Vale recordar el impacto que tuvo la devaluación brasileña de 1999 y las consecuencias funestas para nuestro país de no reaccionar a tiempo, sino con la devaluación del 20 de junio del año pasado que terminó costándole el puesto al ex ministro Alberto Bensión. No sería de extrañar que Uruguay deba embarcarse de urgencia y a último momento en un proceso de coordinación monetaria, similar a lo que debió hacer cuando se creó el Mercosur, que en realidad era un proyecto de Brasil y Argentina.
Los empresarios nacionales ven ahora con más interés las ganancias en competitividad generadas por la devaluación del año pasado y no se sienten estimulados por un Mercosur que parece poco atractivo en el presente. El PIT-CNT se expresó el 1º de mayo a favor de impulsar las cadenas productivas en el mercado regional.
En un mundo dividido en bloques regionales, generalmente proteccionistas, el euro está cuestionando el dominio universal del dólar. El ALCA es la respuesta estadounidense para recuperar la influencia económica sobre América del Sur. Sin embargo EEUU pretende proteger a sus productores dejando afuera del ALCA los productos agropecuarios, que figuran entre los principales rubros de exportación del subcontinente.
Brasil está dispuesto a negociar, pero pretende hacerlo en bloque, lo más amplio posible. Chile está siendo relegado en la concreción de un acuerdo bilateral de comercio con los EEUU ya que no apoyó la invasión a Irak. Mientras los vecinos se van juntando, Uruguay apuesta a recibir supuestos favores de EEUU a cambio de sus posiciones internacionales.
Sin embargo el fortalecimiento de la región puede ofrecer mayores oportunidades a nuestro país que las escasas realidades que ofrecen los EEUU en lo concreto. *
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