América Latina: otra vez la misma historia
Por fin Tabaré Vázquez ha marcado distancia con los dichos de Fidel Castro, asumiendo el pensamiento de cientos de miles de compatriotas, hartos de escuchar la misma historia durante décadas y décadas. Historia en la que creímos durante casi toda la vida y que ha sido transmitida de generación en generación, en América y en el mundo, enfervorizando multitudes, hasta el «triste y pálido final», como diría el tango. Además de la frase de Obdulio Varela podría haberle agregado –en vocación latinoamericanista– la famosa «No me defiendas, compadre», del inolvidable mexicano Cantinflas, frente a la profecía de Fidel sobre el próximo triunfo del Frente Amplio en el Uruguay, emitida durante un reportaje de los que ha repetido millones de veces. En el caso, ante un embobado o quizás avivado– periodista de Página/12, de Argentina.
Es necesario que los líderes políticos de izquierda y progresistas de América Latina, si es que se ha iniciado en serio el camino de la integración, enfoquen, dentro de la máxima prudencia, el relacionamiento con los EEUU y Cuba. Con el primero, además de por obvias prevenciones históricas, en virtud de la amenaza para la humanidad que representa su actual gobierno imperial, donde frente a los sórdidos halcones blancos, destacan los rutilantes halcones negros: Colin Powell, Condolezza Rice y Tommy Franks, este último, jefe militar de la masacre en Irak. Quizás también para romper los esquemas de la izquierda, defensora desde siempre de los negros, «perseguidos» en los EEUU hasta la silla eléctrica.
Las viejas historias
Quien esto escribe no lo hace ahora oportunistamente, subiéndose al carro de gente importante en el mundo, cuestionadora de las salidas del viejo dictador. Desde el Primer Foro de San Pablo, en 1990, coincidiendo con el PT de Lula en Brasil, hasta la actualidad, sufriendo la persecución política en Uruguay de aparatistas que sueñan con el régimen de la isla, todos estos años intuí el peligro para la izquierda y el progresismo de la alianza tácita entre el régimen de Castro y el imperialismo norteamericano, retroalimentándose el uno con el otro en una dialéctica nociva para Latinoamérica y los esfuerzos integradores de nuestros países y sociedades del sur. En San Pablo, la soberbia y el silencio fueron la respuesta de Carlos Aldana Escalante –por entonces número tres del aparato castrista, luego «purgado» a mi solicitud de explicaciones sobre los fusilamientos del general Ochoa y del coronel La Guardia –ambos héroes revolucionarios– acusados de narcotraficantes, en un complejo proceso donde no se pudo probar, entre otras cosas, el destino de los dineros que recibían por esa supuesta actividad. No tenían cuentas en los bancos suizos, como los banqueros uruguayos y otros bandidos y corruptos. En Cuba no existía el derecho de propiedad. ¿Qué hacían con el dinero? ¿Dónde lo gastaron? Entre miles de interrogantes…
En setiembre de 1998, Fidel Castro, al igual que antes y ahora, realizó declaraciones provocadoras en torno a la guerrilla en América Latina en las décadas del 60 y del 70, poniendo en aprietos a todas las organizaciones políticas de izquierda y progresistas que buscan un cambio democrático en sistemas políticos pluralistas. El 21 de setiembre de 1998 LA REPUBLICA me honró incluyendo en su página editorial una nota titulada «el relacionamiento internacional del Frente Amplio». La misma desató reacciones varias. El señor Eduardo Viera entabló una polémica también desde la página editorial de LA REPUBLICA, con notas de fechas 24 de setiembre y 1º de octubre siguientes, mediando una respuesta mía del día 25 de setiembre y 1º de octubre siguientes, mediando una respuesta mía del día 25 de setiembre, titulada «La reacción estalinista». Por otro lado, en la Mesa Política Departamental del FA de Soriano, el delegado del Movimiento de Participación Popular solicitó mi expulsión del FA, no prosperando su pedido. No obstante, a partir de ahí recrudecieron los linchamientos que veníamos sufriendo desde hacía tiempo, teniendo un hito importante en la XII Asamblea Nacional de la Vertiente Artiguista, sector al que pertenecíamos, la cual, el 18 de octubre de 1998, obligó al retiro de nuestra delegación del departamento de Soriano, al votar por unanimidad una declaración que, en su segundo párrafo, decía: «su apoyo y solidaridad para con el pueblo y gobierno cubano…» (el subrayado me pertenece). Finalmente, y ya sobre diciembre de 1998, poniendo todo el peso del aparato vertientista y frentista, y del cargo del legislador socialista del departamento, nos hicieron un juicio ¿sumario? que dura hasta el presente, pasando a ser –de hecho– los primeros disidentes reprimidos de un futuro gobierno de izquierda y/o progresista. En ese sentido, el próximo Plenario Nacional, del 31 de este mes, debería, después de casi cuatro años e infinidd de postergaciones, expedirse. Al fin y al cabo sancionar o exonerar es también una muestra de la capacidad de gobernar.
Conclusión
Como dijeron Saramago y tantas otras personas relevantes, el irrelevante suscrito no ha cedido un ápice en sus convicciones de izquierda y progresistas. Pero este tema lo fue analizando durante años –sufriendo el autoritarismo interno– para llegar a la convicción de que la enajenación por el poder pierde a hombres y naciones. La izquierda en general y el FA en particular vienen cambiando de unos años a esta parte, motorizados por el afán de poder hacia adentro, en tanto se le ha ido escapando el poder hacia fuera, enredados por caso en solidaridades ancladas en el pasado. Ello es aprovechado siempre por los partidos tradicionales. Al escribir estas líneas me llega la noticia de que Sanguinetti pide el fin del bloqueo a Cuba, mostrando su veta socialdemócrta, tal como hizo cuando siendo presidente invitó a Castro a visitar nuestro país, colocándose «a la izquierda» de Tabaré Vázquez. De ahí que la hipótesis más arriba arriesgada, sobre la dialéctica que preside este drama, no es improvisada. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad