Invierno y marginación
Estamos de acuerdo en que una sociedad solidaria debe velar por que ninguno de sus miembros sufra privaciones. Tal afirmación, digna de Perogrullo, viene a cuento en razón de los planes que con nombres diversos comienzan a implementarse por esta época del año y que tienen el mismo objetivo: atender a los compatriotas carentes de techo, de abrigo y de alimentos.
Lamentablemente, cada vez son más los uruguayos excluidos y, por tanto, lo que eran acciones de beneficencia para atender las necesidades de algunos debe adquirir otra dimensión. El Estado, por intermedio de diversos organismos, se ve obligado a implementar planes más abarcativos que permitan alojar, brindar abrigo y dar de comer a un número creciente de personas que han sido desplazadas y viven al margen de la comunidad.
Tanto el programa «Frío Polar» como el «Plan Invierno» se proponen paliar en parte una situación que por desgracia padecen demasiados uruguayos y que a todos debería avergonzarnos; la realidad que les toca vivir a todos esos compatriotas marginados por un sistema injusto nos golpea y nos convoca a la solidaridad. Por eso aplaudimos la iniciativa, del mismo modo que hemos apoyado la creación de la Comisión Especial de Políticas Sociales, que se ha fijado el objetivo de mejorar –cualitativa y cuantitativamente– la alimentación a los niños carenciados.
No obstante, no debemos perder de vista que la situación de emergencia que se vive no es producto de un cataclismo o de una guerra, sino el resultado de un modelo que ha causado estragos en todas las sociedades donde se ha aplicado. El asistencialismo debe ser bienvenido en la medida que se plantee como una solución de urgencia acompañando políticas económicas y sociales que ataquen las causas de la pobreza. Porque incluso en las sociedades menos igualitarias, las clases dominantes suelen conmoverse con la suerte de quienes han sido excluidos y se dedican cada tanto a obras de beneficencia.
El asunto es exigir que el asistencialismo no se convierta en la única respuesta al hambre y la miseria; que se mitigue el padecimiento de los desplazados está bien, pero es preciso que al mismo tiempo se diseñe una política económica que genere empleo y que tienda a que los asalariados perciban remuneraciones justas. *
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