Estafadores en la cárcel

La gigantesca estafa que se destapó en algunos bancos se está mostrando en su real dimensión, mientras son procesados algunos de sus responsables. Concretamente el grupo Röhm, propietario del Banco Comercial, en base a distintas maniobras, habría perjudicado al país en 782 millones de dólares, suma a la que se llega por los 200 millones de dólares desviados del Comercial Investment, los 373 millones que desaparecieron de la colateral, llamada Compañía Nacional de Negocios y, finalmente, por los 209.882.936 dólares, que fue la suma que transfirió el Banco Comercial al Banco General de Negocios entre 1997 y 2001.

De acuerdo a lo afirmado por las autoridades judiciales y los entendidos que actuaron en la investigación, la banda de los Röhm armó toda una maquinaria destinada al vaciamiento del Banco, acción que se puso en marcha ante la mirada inocente de las autoridades del Banco Central.

Según lo que se expresa en el dictamen presentado por la fiscal Cristina González, el grupo Röhm «se ocupaba en mantener la apariencia de banco con prosperidad mediante la utilización de instrumentos rodeados todos de falsedades de tal magnitud que engañaron a los auditores internos y externos. Fueron constatados  según las palabras de la propia fiscal  una serie de operaciones críticas que habrían determinado la pérdida de activos por cientos de millones de dólares». Se concluyó, luego de la investigación, que las empresas colaterales (CGN Saife y CGN SA) «fueron herramientas fundamentales desarrolladas con propósitos de desviación y desaparición de cientos de millones de dólares».

Este velo que se sigue descorriendo no hace más que confirmar lo que siempre se ha dicho desde estas páginas. La monstruosa sangría provocada por banqueros inescrupulosos que durante mucho tiempo actuaron en un marco de total impunidad, acción que marca una debilidad preocupante en nuestra sociedad. Por acción u omisión, las autoridades monetarias no entendieron nunca el volumen y la profundidad de la sangría que se estaba produciendo en un país que estaba siendo robado a mansalva.

Mientras tanto, esos ladrones de guante blanco, esos personajes siniestros, gozaban de los favores de una sociedad que parecía admirarlos, en una inversión de valores sobre la base de los nuevos paradigmas que impuso el modelo del capitalismo financiero globalizado. Uno de estos señores, mientras había armado una sociedad para delinquir robando lo que depositaban los uruguayos en un banco que prácticamente les fue regalado, era nada menos que presidente de la Asociación de Bancos. Con aire señorial recibía los halagos de una sociedad mediatizada por el dinero, estimado como el único elemento que valoriza a las personas.

Bastó una crisis, un cambio de las reglas del juego, para que todo se modificara. El sistema financiero funcional a cualquier tipo de operaciones financieras que se producían en la Argentina, entró en crisis por una serie de corridas y junto con su caída, apareció toda la podredumbre que existía en sus entrañas.

La Justicia ha hecho todo lo posible. Sin embargo, nuestro ordenamiento legal –nuestra legislación penal, funcional a los mismos paradigmas y expresión de los intereses de la clase dominante– no establece castigos ejemplares para los delincuentes de guante blanco. Estos señores que robaron millones de dólares, seguramente estarán menos tiempo en la cárcel que un delincuente común que, quizás, cometió un delito para cubrir una necesidad básica y que en definitiva causó infinitamente menos daño a la sociedad que las «pulcras» maniobras de los banqueros. *

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