El ministro de Trabajo y la emergencia social

Un paro general «como protesta general en contra de políticas asumidas por un gobierno democráticamente elegido… lo encuentro ¿sabe qué? Neofascista». («Crónicas Económicas», 9 de mayo ppdo.)

El que catalogue el programa de «empleo directo» como «contrato basura» es «un estúpido y un retardado mental». (LA REPUBLICA, 15 de mayo ppdo.)

Las afirmaciones en cursiva y entrecomilladas fueron realizadas por el Dr. Santiago Pérez del Castillo, ministro de Trabajo. La primera, en una entrevista de la publicación mencionada; la segunda, en un discurso de inauguración del Seminario Políticas de Empleo en Uruguay. Yo considero que las mismas son sumamente peligrosas y negativas; tanto por la agresión, como por la doctrina que llevan implícitas.

En efecto, nadie puede presumir  y por lo tanto, mucho menos afirmar  que una acción de un colectivo integrante del ser nacional, protestando pacíficamente contra políticas instrumentadas desde el gobierno, tenga un carácter antidemocrático. Y mucho menos, fascista. Porque esa acción forma parte, necesariamente, de la dialéctica gobierno-oposición que es inherente al sistema democrático. Agréguele usted a esto la justificación de la acción, cuando ella está fundamentada en la protesta contra medidas gubernamentales, que son contradictorias con las que pregonó el actual gobierno cuando pidió el voto de los ciudadanos.

La misma afirmación se vuelve más grave aún cuando se hace para descalificar una medida que está siendo estudiada por los sindicatos a iniciativa de la central única de trabajadores, a quien se le reconoce el invalorable papel desempeñado en la defensa de la democracia, durante los duros años de la dictadura.

En cuanto a la otra afirmación, la de considerar estúpidos y retardados mentales a quienes se oponen a una iniciativa del Ministerio de Trabajo que hace agua por todos los costados, pone de manifiesto un espíritu intolerante y autoritario, que mal disimula la aclaración posterior de que se trata de «licencias del lenguaje».

Vale la pena recordar la historia reciente. La designación del Dr. Pérez del Castillo para la cartera de Trabajo fue bien recibida, tanto por los empresarios como por los trabajadores. Sobre todo si tenemos en cuenta que en los dos años anteriores (a partir de la asunción del Dr. Batlle a la Presidencia), todos nos sentíamos desprovistos de ministro de Trabajo. El nuevo ministro vino adornado con los antecedentes de toda una carrera dedicada al estudio y elaboración en temas inherentes a esa cartera social tan delicada.

Es necesario agregar a ello que su asunción se produjo en medio de un deterioro tremendo de los salarios, las jubilaciones y la ocupación. Por lo tanto, si concluimos que asumió en terreno minado, lo menos que se puede esperar de él es un talante insistentemente dialogador, tratando de encontrar, entre todos los involucrados, las mejores salidas para generar empleo y hacer crecer el salario mediante la necesaria negociación. Cualquier otra actitud  incluida la del insulto o descalificación de los interlocutores  es, por lo menos, temeraria.

Yo espero que se haya tratado nada más que de un par de lapsus. *

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