Otra sorpresa del gobierno
El gobierno del doctor Jorge Batlle será sin duda recordado por la acumulación de insensateces y por los rotundos fracasos en sus previsiones.
Es ya un lugar común atribuir al Presidente una especie de energía negativa o «mala onda» que condena toda iniciativa suya al fracaso. Y conste que no hablamos de las promesas electorales sistemáticamente incumplidas, sino de la ligereza con que el mandatario anuncia logros que no son tales y emite opiniones que por lo general debe salir a corregir. Una gráfica de la trayectoria de este gobierno mostraría una sinuosa línea zigzagueante, con retornos y cambios de dirección alarmantes. Y cada cambio de rumbo o marcha atrás es explicado con un énfasis particularmente convincente. Baste recordar que pocos días antes de la renuncia de Bensión al frente de Economía, el Presidente aseguró que no habría de cambiar de caballo en medio de la correntada.
Una mezcla de tozudez y de frivolidad ha caracterizado al primer gobierno del siglo, para desgracia de los uruguayos, que debemos soportar los resultados de una serie de desatinos. Hasta el presente, lo único que tal vez puede considerarse exitoso en la gestión gubernamental ha sido la reprogramación de la deuda, aunque aún es prematuro predecirlo ya que las implacables calificadoras nos han castigado con notas bajas, y la temida palabra «default» ha irrumpido intempestivamente, colándose en el vocabulario informativo a través de las rendijas que el discurso oficial y las sonrisas de los tecnócratas no pudieron tapar. De todos modos, la mayoría de la oposición ve con alarma este canje de deuda, pues corresponderá al próximo gobierno la responsabilidad de afrontar los vencimientos; por otra parte, ¿qué certeza hay de que el dinero que no es preciso desembolsar en lo inmediato se destine a una verdadera reactivación y al alivio de los sectores más castigados? El propio Presidente lo dijo claramente: no se habla de eliminar o bajar el impuesto a los sueldos, sino simplemente de que éste no se aumentará.
Pero independientemente del reperfilamiento, el gobierno acaba de sorprendernos al anunciar, de hecho, el abandono de una de sus metas más codiciadas: un acuerdo bilateral de comercio con EEUU y negociaciones con el ALCA al margen del Mercosur. Durante su campaña electoral, el discurso del doctor Batlle marcó claramente su desinterés en el Mercosur y su postura favorable a lograr acuerdos bilaterales fuera del Cono Sur. Y durante los tres primeros años de su gestión, todo su afán estuvo centrado en una total prescindencia del Mercosur y en lograr mercados extra-regionales. Las reiteradas visitas a su homólogo estadounidense no perseguían otro objetivo, y toda la política exterior desarrollada hasta ahora estuvo en función de un alineamiento casi indecoroso con los intereses imperiales, con el único fin de obtener a cambio algunas migajas en forma de privilegio comercial como premio a tanta obsecuencia.
Un día sí y otro también, en cada oportunidad propicia, el doctor Batlle reafirmaba su vocación casi segregacionista del bloque regional y su propósito de establecer vínculos propios con otros mercados.
Sin embargo, la realidad es a veces más tozuda que la tenacidad presidencial, y es así que en el reciente encuentro con el presidente brasileño, el doctor Batlle parece haberse convencido de que el país no está en condiciones de alcanzar por sí ciertos acuerdos. Las declaraciones de uno y otro mandatario –y la declaración conjunta– significan un viraje de ciento ochenta grados respecto de lo que había sido hasta entonces la estrategia batllista. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad