¿La paz está sellada?

El propósito del doctor Jorge Batlle al instalar la Comisión para la Paz fue el de sellar definitivamente la paz entre los uruguayos.

Cuando la Comisión empezó a funcionar, expresamos desde estas páginas nuestro beneplácito por la iniciativa gubernamental por tratarse de la primera vez que un presidente se disponía realmente a investigar los horrores del terrorismo de Estado.

Mucho se avanzó, y entendemos que el balance final de la tarea de la Comisión –al margen de los cuestionamientos, muchos de ellos atendibles, de que ha sido objeto– es positivo. Se han esclarecido muchos casos y se han logrado valiosos datos que permitieron confirmar oficialmente que las denuncias de familiares y de militantes estaban fundadas. Se trató del reconocimiento de que existió realmente una represión desmedida y brutal contra toda forma de oposición y que hubo una real coordinación represiva entre los regímenes dictatoriales del Cono Sur.

No obstante, permanecen aún algunas cosas sin su debida aclaración. Entre ellas, que se informe cabalmente sobre la suerte corrida por María Claudia Irureta Goyena de Gelman, la nuera del poeta Juan Gelman, tal como lo reclaman decenas de miles de intelectuales y artistas de todo el mundo en carta al presidente Batlle.

La paz no se puede lograr sobre heridas que permanecen abiertas. Porque la deuda del Estado uruguayo no es solamente con los familiares de las víctimas, sino con toda la sociedad uruguaya. *

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