El Partido Nacional al rescate de su identidad

El viernes 8, en un reportaje en LA REPUBLICA, mi senador Jorge Larrañaga alega que el presidente Batlle ha destruido la política internacional tradicional del país con sus desaciertos y bandazos pegados en la materia.

Pero sin querer insistir sobre lo sabido de una figura políticamente muerta como lo es Batlle, creo que el senador se quedó corto. No sólo el gobierno carece de ella sino también el staff político nacional.

El Partido Nacional tuvo un remalazo digno como cuerpo, con el manifiesto contra la guerra recientemente. Pero fue el único.

A posteriori se callaron la boca. Y una golondrina no hace verano precisamente. El propio Frente, salvo alguna de sus individualidades en forma aislada, salvaron el honor, pero como cuerpo también han mantenido silencio.

Tal vez, esperando ser gobierno no quieran enemistarse temprano con los yankis. Lo cual me parece, de ser cierto, lamentable.

Y el partido colorado se decretó a favor de EEUU justificando el genocidio contra Irak. Vamos por partes. Lo que hagan los demás, es problema de ellos y sus conciencias.

Pero hablemos de los blancos que es lo que me duelen prendas y tiene una tradición antiimperialista bien ganada.

El manifiesto por la paz fue por iniciativa de Larrañaga. Y está bien. Pero eso no alcanza ni por cerca. A renglón seguido el partido está afiliado a la Internacional Democristiana presidida justamente por Aznar y el Oreja.

Un partido nacionalista evidentemente no puede afiliarse ni siquiera como veedor como lo quieren disfrazar, a ninguna internacional. O sea, es la antípoda ideológica de lo nacional. Ya sea de derecha, centro o izquierda. No es posible que por «treinta monedas» para las elecciones neguemos la esencia misma del ser nacional de la colectividad.

Pero, por añadidura y por si fuese poca cosa, su «cabeza» internacional es justamente Aznar.

Responsable con Bush, Sharon y Blair del genocidio de Irak. O sea, por un lado hacemos un manifiesto como nacionalistas por la paz contra la guerra e intervención en Irak. Y por el otro, somos adherentes y fieles «falderos» de uno de los propulsores principales de la guerra y su genocidio.

Somos solidarios con el crimen de cientos de miles de niños y seres humanos inocentes para quedarse con el petróleo de Irak. ¿Pueden dormir de noche? ¿Te imaginás a Herrera que fue el único que les gritó ¡asesinos! a los yankis por el crimen de Sandino, aceptando o avalando esta masacre? ¿Integra el partido el equipo de Aznar con sus miserables y criminales intereses, o no? Vos y yo sabemos que sí. Jorge, sos el único que podés «patear el tablero». Me consta que sos un buen blanco. Lacalle y su fiel escudero Jaime Mario fueron los que trajeron a Aznar. No lo van a echar, borrando con el codo lo que escribieron con la mano.

El caganchero diario El País con sus candidatos, menos. Cuando es notorio, publican justificando el genocidio en defensa de los yankis, que el hijo de Saddam vació el banco de Bagdad.

Como si eso, aunque reprobable, de ser cierto, fuese explicación válida de la rapiña del petróleo y de los cientos de miles de muertos iraquíes.

El embajador en Buenos Aires ya tiene bastante con explicarles a los porteños sobre las «gaffes» de don Jorge sin perjuicio de su razonable «preocupación» por los resultados de Palermo, San Isidro y La Plata.

Sería demasiado para él salvo que le pida consejos a Sanguinetti como nos tenía acostumbrados.

La no intervención, la defensa de las soberanías de las patrias chicas, el antiimperialismo, el enfrentar y combatir las multinacionales con sus depredaciones, la defensa de los recursos naturales de los países débiles del tercer mundo asolados por los imperios, el humanismo e integridad de los pueblos sometidos y sus legítimos derechos de ser libres y soberanos, todos principios legados por el vasco Oribe y del Padre Artigas, ¿dónde han ido a parar?

Hace pocos meses, y viene al caso, estuvo en el Uruguay en el marco de los festejos del aniversario del club Euskal Erría el Lendakari vasco nacionalista y libertario, señor Ibarretche.

La embajada española ordenó al staff político uruguayo no concurrir a los saludos protocolares y recepción que se le dio en su honor.

El único «desobediente» blanco que concurrió fue un modesto pero digno diputado de Durazno, señor Nelson Bosch, y Carlos Julio Pereira que lo recibió con el senador Gargano en la Comisión Internacional del Senado.

Bastó que el embajador imperial español hiciese restallar el látigo de Aznar, para que el resto del partido como «cuzcos» rabones se escondieran en el pajonal haciéndose los distraídos.

Este no es nuestro Partido, Jorge. ¡Sos el único que lo podés salvar y rescatar! Si no te levantás en armas y le ganás al «Cuqui» y al resto de la «troupe», ¿qué hacemos? ¿Seguiremos con la Internacional y le mandamos un telegrama de adhesión a Aznar en Madrid?

Yo no lo firmo.

Me está pareciendo que podemos terminar cantando con Fossatti: «yo no tengo Partido, no tengo por quién pelear, no tenemos divisa, se nos murió el General». ¡Sos el último de los mohicanos! ¡Ahora o nunca! *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje