Cada vez que se anuncia en los Estados Unidos la desclasificación de documentos históricos, al analista lo asalta una especial excitación, ha oÃdo un llamado de alerta y sabe que pronto serán develados sabrosos misterios, reveladores de verdades que por algo el Estado norteamericano ocultaba.
A menudo, quienes más habrÃan disfrutado con estos reconocimientos ya no están en el mundo de los vivos. Los documentos se mantuvieron demasiado tiempo inaccesibles y con ellos el conocimiento de la verdad histórica.
Ese podrÃa llegar a ser el caso para buena parte de los protagonistas y de las vÃctimas de las campañas de difamación y luego el golpe de Estado ejecutado por la CIA contra el gobierno constitucional y democrático de Guatemala, presidido por Jacobo Arbens.
Ahora se sabe que la conspiración antidemocrática comenzó apenas se iniciaron las medidas nacionalistas y de justicia social impulsadas por el gobierno de Arbens, en 1951 y 1952.
La campaña culminó a mediados de 1954 con la puesta en práctica de un golpe que se volverÃa arquetÃpico, el liderado por el coronel Castillo Armas, organizado, armado y trasladado a Guatemala por aviones norteamericanos.
Según consigna una crónica publicada en el diario La Jornada de México en el dÃa de ayer, el Departamento de Estado difundió este jueves un volumen retrospectivo de su historia oficial, “Relaciones exteriores de Estados Unidos”, que complementa una edición de 1983 de la polÃtica exterior estadounidense hacia América Latina que omitÃa mención alguna al derrocamiento de Arbenz apoyado por Washington. A comienzos de 1990 directores de la CIA reconocieron oficialmente 11 operaciones secretas durante los primeros años de la guerra frÃa, incluida una en Guatemala para sacar a Arbenz del poder, y los historiadores accedieron a los archivos de la CIA sobre el paÃs centroamericano.
La difusión del nuevo volumen, agrega el diario mexicano, tiene lugar en simultáneo con una conferencia académica de dos dÃas sobre “Nuevas perspectivas de Estados Unidos, Guatemala y Latinoamérica en el golpe de 1954″, que se inició hoy (por ayer viernes) en el Departamento de Estado. La reforma agraria fue aprobada en 1952, pero la elite del paÃs que controlaba la mayorÃa de las tierras se opuso a la reforma, al igual que la compañÃa estadounidense United Fruit Company, una de las principales entidades perjudicadas.
Según los documentos desclasificados, en 1951 Âantes de la redacción de la reforma agraria la agencia tenÃa el plan de contingencia para derrocar a Arbenz, ya que consideraban que su tolerancia de los comunistas lo tornaban, en el mejor de los casos, su “compañero de viaje”, y en el peor, en uno de ellos.
Siguiendo órdenes del Departamento de Estado, el plan de contingencia fue remplazado por una operación activa para derrocarlo y liberar al hemisferio de los supuestos peligros del comunismo internacional inspirado en la Unión Soviética.
Han pasado casi 50 años. La desclasificación de aquella documentación no va a reencaminar la historia de Guatemala por la senda de democracia, el nacionalismo y la justicia social que el derrocamiento de Arbens interrumpió.
Tampoco va a devolverle la vida a las decenas de miles de campesinos guatemaltecos asesinados después del golpe pergeñado en los EEUU; ni a los que siguieron en la trágica historia contemporánea de aquel sufrido paÃs centroamericano.
Pero el reconocimiento da pautas de comprensión de lo que para este continente ha sido la vigilia de los centuriones al servicio del imperio, cancelando las posibilidades de liberación y de progreso.
Finalmente, en aquellos meses que precedieron al golpe contra la democracia, las derechas del continente aunaron sus lamentables coros de sumisión para sumarse a la “alarma” norteamericana por el peligro soviético en la región.
También en Uruguay. Salvo la izquierda, la FEUU, el semanario Marcha y los sindicatos, lo demás fue lamentable: las radios y los diarios y los dirigentes de los partidos tradicionales, con la excepción de un sector del Partido Nacional, se sumaron al coro. *
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