Sí al Mercosur; no al modelo
«Con EEUU no habrá negociaciones bilaterales sino que negociaremos todos juntos. Las negociaciones se realizarán como Mercosur y todos los países las harán juntos«. Lo dijo el canciller Opertti.
No hay que echar campanas al vuelo. Declaraciones y realidad no siempre van de la mano. ¿Ejemplo? El presidente Batlle con sus salidas fuera de libreto y, muchas veces, de estilo.
Por otra parte, en el Mercosur, como en cualquier otro proceso de integración, no se trata sólo de ir juntos, sino que hay que preguntarse si se está bien acompañado y qué se busca con la negociación conjunta.
Porque si se trata del Mercosur que nos han implantado, esto es, netamente economicista, comercial y financiero, poco y nada mejorarán las condiciones de pobreza y exclusión social que azota a millones de mujeres y hombres mercosurianos.
Estamos totalmente de acuerdo con la integración. Pero no para que haya más neoliberalismo, esto es, más pobreza y exclusión, con la diferencia que ahora lo hacemos integradamente. NO. Hay otros modelos que buscan la justicia social. A ése decimos una y mil veces SÃ.
Veamos algunas cifras mercosurianas. Pocas, por razones de espacio. En Uruguay, más de 530 mil personas viven con menos de sesenta pesos por día, esto es, bajo el nivel de pobreza. A la vez, 430.500 niños sobreviven con menos de 30 pesos diarios, de los cuales 19.350 son menores de 5 años.
En el otro socio pequeño del Mercosur, Paraguay, existe un altísimo grado de trabajo infantil. 266.000 niños y adolescentes trabajan: 100.000 tienen entre 10 y 14 años, 140.400 entre 15 y 17 años, y el resto tienen menos de 10 años.
En Argentina, el deterioro del salario real, la desocupación y el subempleo, el ingreso a edad temprana al trabajo que impide o deteriora la educación, etc., ha llevado a una precariedad tal en las condiciones de trabajo y aumento de pobreza, a cifras que a octubre de 2001 casi el 40% de la población urbana tenía ingresos debajo de la línea de pobreza.
En Brasil, es una constante el grave problema que significa el trabajo infantil.
Si de informalidad hablamos, en Brasil, los datos de los últimos 11 años hasta el año 2000 nos informan acerca de un crecimiento constante de la informalidad, en porcentajes siempre superiores al 40%, acercándose al 50% en el año 2000.
Cifra que para Paraguay alcanza al 49% en base a datos 2001-2002. Argentina y Uruguay aceptan no tener datos sobre informalidad, utilizando el concepto de trabajadores no registrados, siendo las cifras del 34% y 38% respectivamente.
Insistimos: no es a ese Mercosur al que queremos integrarnos. Es al otro. Al que tiene la obligación de implementar políticas sociales, de empleo sustancialmente, que no sean simplemente el furgón de cola de las económicas, que lo único que logran, la mayor parte de las veces, es disminuir en algo el número de muertos que el capitalismo salvaje neoliberal nos va dejando.
Hay muchos, muchísimos más datos que demuestran la carencia en la región de políticas activas de empleo, sistematizadas, generalizadas.
Bienvenidas las declaraciones del canciller. Dedito p’arriba por la negociación conjunta. Esperemos que el señor Presidente no se salga con una de las que nos tiene acostumbrados, que nos hace enrojecer de vergüenza nacional.
Pero una vez más: sí a la integración, no al modelo actual puesto en práctica hasta el momento. Queremos el otro, el de la justicia social. *
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