El "ajuste político" o el gobierno de las minorías
Cuando Aparicio Saravia, en 1897 y 1904, luchaba por el voto directo y secreto y por la representación proporcional, para que las minorías tuvieran derecho al contralor político, debía estar muy lejos de imaginarse que futuros correligionarios suyos doblarían la apuesta y llegarían a proponerle a la ciudadanía que los que obtuvieron más votos en una elección puedan transformarse en las verdaderas minorías parlamentarias.
Uno podría pensar que, si reivindicar el derecho a la representación de las minorías llevó a un Batlle a la guerra contra los blancos de Aparicio, el Batlle que tenemos ahora podría llegar a incluir a Luis Alberto Lacalle en el eje del mal de los orientales, junto a Tabaré Vázquez y otros mal nacidos que procuran cambios sociales, económicos y políticos en la actualidad, para reclamarle algún tipo de ayuda a su amigo George Bush.
Sin embargo, justo es decirlo, nadie va tan lejos como Lacalle en eso de las transformaciones políticas pues, hasta ahora al menos, no se había planteado de forma tan directa la transformación de las mayorías en minorías.
En realidad, la diferencia entre la lucha de Aparicio y la propuesta de Lacalle es la que va desde la defensa de un principio, el de la representación proporcional, a la transformación de un cálculo electorero en reforma constitucional.
El planteo
Atrás de una propuesta de reducción de gastos legislativos se esconde una reducción tramposa del número de legisladores que, en definitiva, reduce muy poco los costos del Palacio Legislativo.
El Herrerismo propone reducir los diputados de 99 a 67, y los senadores de 30 a 24. Mantiene el sistema legislativo bicameral y, por lo tanto, mantiene tres comisiones administrativas: la de Diputados, la del Senado y la del Palacio Legislativo. En estas tres comisiones administrativas se encuentra el mayor gasto del Palacio Legislativo. Pero el Herrerismo utiliza la creencia de que el mayor gasto se encuentra en el sueldo de los legisladores para plantear la reducción de senadores y diputados, manteniendo dos diputados por departamento y reduciendo drásticamente el número de diputados de Montevideo y Canelones, para modificar la representación proporcional. En Montevideo y Canelones, precisamente, se produce la mayor votación del EP-FA y, en segundo lugar, del Partido Colorado, por lo que si se opera esa reducción, el EP-FA necesita superar el 53 o el 54 por ciento de los votos en todo el país para tener mayoría parlamentaria. Con el 50 por ciento más uno de los votos puede alcanzar la Presidencia, sin balotaje, y no tener mayoría en el Parlamento que le permita gobernar.
Del Partido Colorado ni hablar: Lacalle, por elevación, se plantea sacarle la mayor parte de su fuerza, pues si se reducen los Diputados de Montevideo y Canelones y el EP-FA sigue sacándole la misma ventaja electoral en todo el país, mayor aun que la que obtuvo en 1999, su expresión parlamentaria quedaría reducida a la mínima expresión.
Lo de Lacalle es tan burdo, tan irresponsable, que uno puede pensar que trata de desviar la atención de los problemas reales e importantes del país hacia este tipo de planteos. Pero esto es como las mentiras de Goebbels, después de repetirlas una y otra vez algo queda, y atrás de reducir el número de legisladores, capaz que se cuela algún cambio en el principio de la representación proporcional por el que pelearon sus antiguos correligionarios, a pesar de que varios miembros del Directorio de aquella época se oponían a la lucha de Aparicio, y también había blancos o exblancos junto a Batlle. *
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