Los rostros de la desocupación
Me entero por LA REPUBLICA que una encuesta de «Doxa» revela que seis de cada diez uruguayos considera que la desocupación es el principal problema que tenemos en Uruguay.
Me encuentro a las siete y media de la mañana con un compañero a quien conocí, cuando, muy orgulloso de su oficio, trabajaba como tornero en una importante fábrica de transformadores, gracias a su título obtenido en UTU. El principal cliente de la empresa era la UTE, hasta que comenzó a importar los transformadores. Se nota tristeza en sus ojos cuando comenta que «por suerte» pudo conseguir el empleo de sereno en un macromercado, después de dos años de estar desocupado.
En la esquina del Correo me encuentro con el amigo que cruza velozmente la calle Misiones. Lo conocí como propietario de una pequeña y próspera empresita de construcción, arreglos, refacciones y pintura, donde trabajaban cinco personas. A mi pregunta sobre su presunta sobrecarga de trabajo dado el afán con que caminaba, me contestó que desde hace siete meses no tiene ningún conchabo, que está vendiendo las herramientas y realizando los trámites para emigrar. Quiere hacerlo cumpliendo con todos los requisitos porque ya no está en edad de «hacer bobadas». Me asegura que en cuanto vea que la cosa cambie, piensa retornar.
La muchacha de treinta y dos años, madre de una hija, me manifiesta su voluntad de radicarse en Barcelona, con la esperanza de conseguir trabajo decente. Quedó desocupada en la crisis de los Bancos del año 2002. Aunque sabe que tiene el beneficio del subsidio por desempleo, no confía en que pueda conseguir un trabajo más o menos bien remunerado en Uruguay.
Cuando detengo el coche en el semáforo de Bulevar Artigas y Garibaldi, se acerca un hombre de aproximadamente cincuenta años, que, con humildad, tristeza y algo de vergüenza, me estira el casco de trabajo dado vuelta, rodeado con la inscripción «desocupado». Como me conocía, se entabló el diálogo. Pertenece a la industria de la construcción, militante del Sunca. Me pidió que no aflojara porque hay que encontrar una salida.
Una vecina, con alegría, me pregunta respecto de alguna casa «de esas que quedan desocupadas en las cooperativas», para que sirva de primera vivienda a su hermana y cuñado que regresan de los Estados Unidos. Les fue bien; hicieron buen dinero «pero están podridos». Esperan, con los ahorros realizados, poner algún emprendimiento aquí, en el que también podrá trabajar ella, que está desocupada desde hace tiempo.
Según la información que leí en LA REPUBLICA, la empresa Doxa dice que seis de cada diez uruguayos opina que la desocupación es el principal problema a resolver.
También dice la encuesta que casi cinco de cada diez uruguayos opina que «sólo nosotros podemos salvarnos»
Seguimos, entonces ¿No? *
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