Los efectos sociales de la crisis
Mientras la crisis sigue haciendo sentir sus efectos sobre la sociedad, ni el gobierno ni sus ex socios en la coalición gubernamental parecen dispuestos a reconocer el fracaso de una política económica aplicada con tenacidad digna de mejor causa.
La aplicación de un modelo francamente perverso (el calificativo es del presidente argentino Duhalde) permitió que el país se quedara sin aparato productivo, sin fuentes de trabajo, sin mercado interno. Las consecuencias sociales de todo este atentado a la población están a la vista: aumento exponencial de la marginación y la pobreza con su secuela de desnutrición, de gente sin vivienda, sin atención sanitaria y sin educación; y crecimiento paralelo –e inevitable– de la delincuencia.
Los últimos tiempos han sido pródigos en la multiplicación de ejemplos del deterioro social antes apuntado: niños mal alimentados, deserción escolar, muerte por desnutrición, desestructuración de la familia, emigración. Las cifras aterradoras de los índices se ven corroboradas con los casos concretos de compatriotas en situaciones límite de que informa la prensa casi a diario.
Por otro lado, como queda dicho, también aumenta la delincuencia, y el sistema responde con las únicas herramientas de que dispone: policía y código penal. Pero como ese aumento exponencial de la actividad delictiva no estaba previsto en los alegrea planes de desarrollo económico neoliberal, resulta que los establecimientos de reclusión deben albergar a más del triple de la población para la que fueron construidos.
La consecuencia de esta situación está a la vista: hacinamiento, condiciones de reclusión no ya inapropiadas sino decididamente infrahumanas. Por consiguiente, se produce de hecho una flagrante violación de los derechos humanos de los reclusos y al mismo tiempo se aleja cada vez más el fin que persigue la reclusión como castigo al infractor, pues no se dan las condiciones mínimas para que éste se reeduque y pueda reinsertarse en la sociedad, tal como lo quiere la Constitución.
Y una vez más, el gobierno no atina sino a «soluciones» que no son otra cosa que paliativos, parches que nada solucionan. No hay iniciativa que apunte a otra cosa que al asistencialismo para combatir la pobreza; no hay iniciativa que encare otra cosa que ampliar y multiplicar los establecimientos penitenciarios.
Lo hemos dicho más de una vez: toda política social es imprescindible para mitigar en lo inmediato el sufrimiento de los perjudicados y excluidos por el modelo; pero de poco vale si no es acompañada de medidas de fondo que apunten a combatir el origen y las causas profundas de esos males. *
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