Luces y sombras de la competitividad

El sorprendente proceso que se está viviendo en Uruguay, que sigue ganando competitividad frente a Argentina y Brasil, muestra una aparente mejoría de los negocios en el sector externo. Ya hay datos concretos que muestran mayor fluidez en las exportaciones del sector agrícola y de la industria vinculada al sector lechero, rubros que han logrado un paulatino avance en sus ventas. La carne se comercializa en mayores volúmenes, pero el ingreso en divisas –por la incidencia de los precios internacionales– es la misma.

De acuerdo con los datos correspondientes al mes de abril Uruguay siguió ganando competitividad frente a la región, aumentando el tipo de cambio en relación con Brasil en el 15,5 % y 4,5% en relación con la vecina Argentina, para acumular una suma favorable a nuestra competitividad del 26,8 % porcentaje medido desde enero del corriente año. También el proceso se puede medir con Chile. El peso en el país transandino se apreció en abril en un 4%.

Ya nos hemos ocupado de este tema y de sus características coyunturales, ya que no es pensable que la situación se mantenga indefinidamente, especialmente cuando a nivel de Argentina y Brasil ya se ha creado una comisión con el fin de coordinar las políticas macroeconómicas, que tiene como uno de sus primeros cometidos el lograr acuerdos tendientes a nivelar las disparidades cambiarias.

Pero, ¿cuál es el costo de esta coyuntural competitividad? El Banco Central ha acentuado, desde la devaluación del año pasado, su intervención en el mercado cambiario, borrando con el codo toda la argumentación dada por el ministro de Economía Alberto Bensión, que indicó que se abandonaba el sistema de franja de flotación por otro, el de la libertad de los mercados en el que la divisa encontraría su precio por la confrontación de la oferta y la demanda.

Sin embargo luego del brutal mazazo devaluatorio que hizo saltar al dólar en casi un 100 %, con lo que ello significa en caída de la capacidad de compra en el mercado interno, el Banco Central comenzó un férreo control del precio de la divisa tratando siempre que el dólar buscara el nivel que algunos economistas fijan en un 20% por debajo de la actual cotización. Sería hoy de unos 25 pesos por unidad de la divisa norteamericana.

¿Por qué el equipo económico ha concretado esta política que empobrece a quienes tienen ingresos en pesos y además perjudica a quienes utilizan insumos importados, que están sobrevaluados? Las explicaciones pueden ser diversas, pero la más elemental es que se está llevando a cabo la política promovida por el presidente Jorge Batlle a instancias del FMI, de intentar recuperar al sector externo para lograr las divisas que servirían para reducir los niveles del déficit fiscal.

El camino elegido, sin analizar cómo esa política ha seguido aplastando al mercado interno, es más que peligroso y sus resultados pueden ser efímeros. Algunos rubros son vendidos al exterior con más agilidad, pero paralelamente los indicadores internos siguen indicando el crecimiento de la pobreza. El mercado interno de la cerveza, por ejemplo, se redujo en más de un 40 %, y la venta de autos nuevos bajó en abril, en relación con el mismo mes de año pasado, en un 71%.

La economía es el arte de los equilibrios. Por supuesto que cada sector trata de lograr una mayor tajada dentro de la batalla por la apropiación del ingreso y es razonable comprender por qué los exportadores tratan de preservar la actual política, y los importadores han reducido sus negocios a un mínimo vital.

El gobierno de Batlle ha adoptado opciones concretas. Buscó ganar competitividad de las exportaciones, en detrimento del mercado interno y de la gente. *

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