Lacalle-Sanguinetti: ¿otro acuerdo electoral?
Hacía mucho y por razones públicas obvias, que no hablaba con el Cuqui. Aclaro que nos conocemos desde las lejanas épocas de románticos principismos de luchas juveniles partidarias. No me lo presentaron ayer precisamente.
Vino él amable y gentilmente, cosa que me agarró de sorpresa y valoro por la caballerosidad y camaradería demostrada, a preguntarme por mi «percance» artrósico y operación Dios mediante. Le consta, y así lo admitió cuando se lo dije, de mis humildes pero drásticas diferencias incluso ideológicas que mantengo con él.
No obstante, cuando a mi criterio la «emboca» con aciertos importantes como es el de reivindicar la ya amortajada integridad de la ONU, como organismo internacional útil y único para los países chicos y débiles como el nuestro para defenderse contra la opinión servil y complaciente del Presidente Batlle, se lo he reconocido y señalado. Admito que son pocas, pero tiene ramalazos del pasado ideológico herrerista y es justo cuando se acuerda, el consignarlo. Hasta acá, macanudo. Pero, ¡vamos a curarnos en salud! Hubo recientemente una reunión suya con Julio María en la «dacha» de la calle Murillo.
Es normal que gobernantes de distintas colectividades cambien impresiones.
Pero sin querer pecar de curioso o receloso, hay un viejo refrán gaucho que reza «reunión de zorros, masacre de gallinas», que nos hace pensar en cosas feas.
Sobre todo, cuando el «ágape» de marras se realiza con un «lobo feroz» visceralmente anti blanco y enemigo brutal de todo nacionalismo sin perjuicio de otras características, como es Sanguinetti.
Ha trascendido que, entre «cafecitos y escones» que se habrían servido, se conversó y los más pesimistas expresan y aseguran la concreción de un acuerdo electoral en caso de volver a repetirse el balotaje. Los dos se estarían dando por ganadores en sus respectivos lemas y entonces después, «vos me apoyás a mí o yo recomiendo que para volver a salvar la Patria, como con don Jorge, se vote por vos». Así de sencillo.
¡No es así, Cuqui! ¡Todo tiene un techo! ¡Nadie puede dudar que soy blanco! ¡En las buenas y en las malas, sin pedir ni rogar visitando secretarías de jerarca alguno incluyendo la tuya, me comí todas las «verdes»! ¡Por supuesto, para más de uno, soy un «gil de goma»! ¡Entré al gobierno blanco con poco y salí sin nada más que deudas! ¡O sea, nadie puede cuestionarme mi fe partidaria y mis «posaderas» limpitas! ¡Pero si es cierto, que de ganar tú, habrías acordado con Julio María apoyos electorales con los compromisos obvios posteriores, ¡mataste al Partido! ¡Ese no sería mi Partido Blanco! Ya me he «tragado» y no sé por cuánto tiempo, sospecho a diario que dura poco, el acuerdo de adhesión a la democristiana internacional de Aznar y el Mayor Oreja. En buen romance, entre otras tantas «bellezas» uno de los cuatro responsables (Aznar) de la masacre de Irak y socio del imperialismo hitleriano de Bush. ¡Vulgares criminales genocidas! ¡Por si te olvidás, además tengo sangre vasca! ¡Aznar y el Oreja son los cancerberos de la raza de mis ancestros! ¡Primera gran úlcera perforada! Otra más, soportando a Sanguinetti, admitímelo: ¡es muy fuerte! ¡Quiero morir en mi Partido Blanco¡ ¡He llorado de alegría en los triunfos y en la amargura de las derrotas! ¡No tendrías derecho a dejarnos sin Partido! Son muchos los que opinan como yo. Soy de los blancos que conociste y «mamaste» en la «quinta» y en «nuestro» diario El Debate! ¡Sanguinetti, jamás! ¡Es como elegir a Pablo Galarza contra Saravia o al «Goyo Jeta» o Flores contra Leandro Gómez! ¡No es admisible que quieras volver a «alambrar los campos de acá los que hicimos la Patria y de allá los que la quieren destruir!» ¡Todos somos orientales! ¡Nadie quiere destruirla! ¡Salvo los que la venden a los imperios como los colorados con los que hace rato que estás hablando!
¡A Millor le «espantan» los pacifistas, lo dijo en el Senado! ¡Justifican las masacres y asesinatos del imperio! Me podrás decir, lo presumo, que Castro ejecutó a cuatro disidentes. ¡Y también lo repruebo! ¡No soy castrista! Pero Aznar, Bush, Blair y Sharon, justificados por el Partido Colorado que venden la Patria por «treinta monedas», han matado y lo siguen haciendo, a millones de inocentes y por añadidura nacionalistas que mueren por su tierra, libertad y soberanía como lo hicieron nuestros mayores incluido tu abuelo. ¡No desvirtúes la mejor historia de los blancos abrazándote con un feroz enemigo de nuestra gente y nuestra historia! ¡De ser cierto, esto no lo banco! Palabra de vasco. ¡Sacá las consecuencias que quieras o se te ocurran!
¡Viva mi muy viejo, honesto y antiimperialista Partido Blanco! *
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