Las normas jurídicas y la realidad
Si la economía y el derecho no están al servicio del hombre y su entorno, no cumplen con la finalidad social que está en sus raíces. Terminan siendo usadas por la derecha política y social para «comernos mejor», parodiando al lobo de Caperucita Roja. Una especie de ancla o amarre ideológico al servicio de los poderosos.
Aunque no siempre, cabe reconocerlo, muchas veces las normas son meras declaraciones, necesarias sin duda, pero insuficientes, que terminan constituyéndose en marco embellecedor de una sociedad salvajemente desigual. ¡Claro! No es fácil desentrañar el papel que cumple. Ello exige día a día contrastar permanentemente las normas jurídicas y la realidad. Lo cual nos permitirá analizar el grado de cumplimiento de las mismas, permitiéndonos hacer un verdadero balance de conquistas y derrotas. Y fundamentalmente otorgarle a las normas jurídicas la importancia que tienen, ¿qué duda cabe? Pero evitando el culto fanático de la legalidad, una especie de fundamentalismo jurídico. Afirmación ésta que corre tanto para las normas que nos vienen de arriba como las que crecen desde el pie, como decía el entrañable Alfredo Zitarrosa. Llámese iniciativa popular o reformas constitucionales.
Repasando la Constitución, a veces viene bien hacerlo, nos encontramos que en el artículo sexto se dice que se debe promover la integración social y económica con los estados latinoamericanos, en especial lo que refiere a la defensa común de productos y materias primas.
El presidente Batlle hace todo lo contrario .Se va a EEUU a defender a capa y espada la guerra contra Irak. Y sobre la integración cree que él sólo, solito, va a solucionar los problemas, dejando al margen a nuestros socios del Mercosur y de la región. De paso le hace los mandados a Bush que lo que busca es el ALCA en defensa de sus intereses.
Seguimos leyendo y aparece el artículo 50, que ordena proteger las actividades productivas y promover las inversiones a tal fin. Otra vez el presidente Batlle, asociado al entonces ministro Bensión, que da la orden verbal directa al ministro de arrimarle unos miles de millones de dólares a la banca financiera. ¿Las actividades productivas? Si te he visto no me acuerdo.
De igual forma, el art. 67 que dice que los ajustes de jubilaciones y pensiones no podrán ser inferiores a la variación del Indice Medio de Salarios. Ese es el mínimo. Pueden ser mayores. Pero nunca se aplicó esa muy clara posibilidad. Dejémoslo por acá. ¿Y todo esto a qué? En primer lugar, el culto fanático de la legalidad no es buen consejero. Se sancionan leyes, se ganan plebiscitos, se promueven reformas, pero la situación social se sigue deteriorando. En segundo término, hay muchas normas que ya están Simplemente no se aplican. En tercer lugar, que el asunto en general pasa por otro lado. Se trata de desmontar a fondo este sistema neoliberal, injusto por esencia, profundamente desigualador y concentrador de la riqueza, que considera a la relación de trabajo como una relación de poder, donde uno manda y otro obedece, que no tiene límites éticos, que utiliza todos los recursos a su alcance, incluidos los legales. Y cuando estos últimos no alcanzan, da el paso desesperado siguiente. Por algo existió una Comisión de la Paz que llevó a reconocer muertes, torturas y desaparecidos, por primera vez en forma oficial.
Claro que el sistema jurídico deberá cumplir su papel el día que se tire abajo este sistema brutal que padecemos. Pero para ello es necesario un más que cuidadoso análisis, cuestión de afinar la puntería, coordinar esfuerzos, apuntando al corazón de un sistema que arrastra al mundo a una paulatina destrucción, de lo cual abundan los ejemplos. *
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