Insólito intento de exoneración impositiva
El Senado de la República, en una acción ejemplar, rechazó el proyecto de exoneración impositiva a la venta de inmuebles rurales a las sociedades anónimas. Con los votos del Encuentro Progresista, el Nuevo Espacio y los nacionalistas Carlos Garat y Carlos Julio Pereyra, se impidió la vigencia de una norma que, sin duda, favorecería a muy pocos grandes inversores extranjeros que no están dispuestos a asumir ningún compromiso en sus colocaciones.
En el alto cuerpo parlamentario se manejaron algunos datos aleccionantes. Por ejemplo, el senador frenteamplista Reinaldo Gargano recordó que en el año 1999, luego de la iniciativa del herrerista Ignacio de Posadas, se aprobó la ley que autorizó la compra de tierras por parte de sociedades anónimas. Desde ese entonces hasta el día de hoy, el 72 por ciento de los campos comercializados pasaron a esas sociedades anónimas, innominadas, pero mayormente de capital extranjero.
Uno de los legisladores que argumentó en aquel entonces a favor de ese proyecto, fue el senador Jorge Batlle, que sostuvo que una ley de esas características permitiría que los pequeños productores de la zona del basalto formaran sociedades anónimas y concretaran así emprendimientos productivos de tamaño adecuado, evitando los perjuicios de la producción minifundista.
A esta altura, habría que preguntar a quien ahora es el primer mandatario del país, cuántos emprendimientos se han creado con la unión de productores de la zona del basalto. La respuesta, pasados doce años, es: ninguno.
También se comprobó que los predios que fueron enajenados en favor de Sociedades Anónimas han sido utilizados en explotaciones extensivas, de escasa integración de mano de obra que, obviamente, no sirvieron para cambiar las modalidades productivas (forestación, invernada, etc,)
El proyecto de exoneración impositiva rechazado, desde el momento de su presentación, apareció como un despropósito insólito, casi trágico. ¿Qué inversiones nuevas se atraerían y cuál es el desarrollo posible que el gobierno, a través de las nuevas sociedades anónimas que comprarían tierras, estimaba lograr?
Pero hay más interrogantes: ¿No existen otros sectores de nuestra economía, como por ejemplo el de la construcción, donde sería más lógico intentar a través de exoneraciones de este tipo, la reactivación? Y lo decimos porque este sector es un natural movilizador de la actividad y un importante generador de mano de obra.
Muchos quienes conocieron la iniciativa que fue rechazada por el Senado han tenido la impresión de que el mismo fue presentado con el objetivo manifiesto de favorecer a algunos inversores, dispuestos a comprar tierras a precios ruinosos como los que lamentablemente son habituales en nuestras regiones productivas, pero no a abonar ese impuesto, que es una mínima contribución a un Estado que sigue castigando a los trabajadores con el IRP.
En el mar de sargazos en que está empantanado el país, esta resolución del Senado tiene, evidentemente, una importancia simbólica. Entendemos que todavía existen sectores políticos que no están dispuestos a que el país siga siendo vendido con el método de la liquidación. *
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