BSE: reincidente en el camino del deterioro
En diciembre del año 2000, de acuerdo a las facultades que el artículo 118 de la Constitución concede a los legisladores, planteamos un pedido de informes al Banco de Seguros del Estado. Necesitábamos conocer el fallo de un concurso para la provisión de cuatro cargos de instrumentista para la Central de Servicios Médicos del Banco que había sido convocado el 2 de mayo de 2000, quiénes integraron el Tribunal y cuál fue la opinión de los abogados del Banco sobre el fallo del mismo. A partir de esa información deseábamos saber, además, por qué motivos los vencedores en el concurso no habían sido convocados y dentro de qué plazo, aproximadamente, pasarían a ocupar los cargos. No obtuvimos respuesta.
Posteriormente, pero hace ya más de cinco meses planteamos, también en la Cámara, un nuevo pedido de informes al Banco de Seguros del Estado. Medios de prensa habían difundido una denuncia que como legisladores (obligados, por tanto a cumplir funciones de control) nos correspondía conocer.
Para no comentar esa denuncia con riesgo de caer en alguna injusticia, comenzamos por solicitar información. Sabíamos que el Banco de Seguros había realizado un concurso para auxiliares y licenciados en enfermería, y que posteriormente habría convocado a doce personas para cumplir funciones en el Sanatorio del Banco. Lo obvio era esperar que los convocados fueran los primeros seleccionados en el concurso. Sin embargo, la prensa denunció que, de los doce, seis no figuraban en la lista de espera. Además, uno de los designados estaba en el lugar 120 y otro en el 152. Nos interesaba conocer las bases del concurso, la lista de admitidos, la resolución y razones de las designaciones, si estas violan o no las leyes 16127 y 16170 (que determinan la forma de selección de los funcionarios) o el convenio con la Asociación de Bancarios, que establece el ingreso por concurso.
Como tampoco obtuvimos respuesta, reclamamos, públicamente, la opinión –o aclaración de los hechos– al presidente del Banco de Seguros, señor Alberto Iglesias. Porque –dijimos en ese momento– el largo silencio comenzaba a transformarse en culpa admitida.
Agregamos que la Asociación de Bancarios había dirigido una nota al señor Iglesias de la que surgían hechos graves, como el incumplimiento evidente del convenio con AEBU que exige el ingreso por concurso.
Los bancarios han denunciado, además, que la historia reciente del Banco demuestra un alto deterioro; hecho grave, que se debe, entre otros factores, a la «gran cantidad de funcionarios que ingresaron por cuota política» (textual)
Sentimos la obligación de replantear estos hechos públicamente. Para polemizar, si es necesario, hasta que se aclaren o se confirmen los compromisos, hasta que los acomodos se superen definitivamente.
Porque a todo lo anterior se suman, ahora, hechos nuevos. Por ejemplo: en el Servicio de Hemoterapia del Banco de Seguros se jubiló a un técnico. Como es lógico, pasó a cobrar en la Caja Bancaria pero el Banco de Seguros lo contrató luego, como empresa unipersonal.
Ahorra, así, el aporte a la Caja. Pero paralelamente, posterga a todos los técnicos que, por ser suplentes alternos tenían la lógica expectativa de ascender al cargo vacante.
Hay muchos temas –en razón de la grave situación del país– sobre los cuales sería necesario plantear el llamado a sala de ministros.
En el caso que denunciamos nos consta, además, que a principios del año actual el ministro de Economía manifestó preocupación por el tema y lo puso en conocimiento de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto.
No obstante, todo sigue igual; lo que significa que continúa agravándose. Más adelante, cuando el deterioro resulte insostenible, no se podrá alegar que desde distintos ángulos (la prestigiosa Asociación de Bancarios en primer término) no se ha reclamado transparencia, cambio de procedimientos y respeto de las leyes y convenios. *
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