El único elemento al que se puede atribuir incidencia en el proceso que se está viviendo, que calificamos como “veranillo incipiente”, tiene relación con el importante atraso cambiario que vienen sufriendo las economÃas de los paÃses vecinos (Argentina y Brasil) que, por obra de ese factor totalmente coyuntural, está movilizando a algunos sectores exportadores uruguayos.
En la actual coyuntura es evidente que los productos uruguayos, pese (o venciendo) a los problemas de escala que existen y que pocas veces se han tenido en cuenta en el ámbito de la economÃa, se están convirtiendo en competitivos. Por ello llama la atención que algunas consultoras, como Ceres, sostengan –sin explicar las razones del fenómeno– que si durante tres meses consecutivos se dan cifras positivas de actividad (faltarÃa el cómputo de abril), se probarÃa que estamos ante “el fin de la recesión”
Cuánta liviandad en el manejo de la información económica, para sostener que cifras frÃas, sacadas de contexto, pueden mostrar la persistencia de una tendencia.
Obviamente, de persistir el deterioro de los acuerdos del Mercosur, parecerÃa evidente que la situación de Uruguay sigue siendo totalmente inestable. La coyuntura cambiaria favorable al paÃs y la competitividad positiva lograda por estos dÃas, pueden cambiar de signo en cualquier momento. Pero, sin tener en cuenta ese factor, ya han aparecido voces preocupadas por las conversaciones entre Argentina y Brasil en busca de una convergencia monetaria que en el marco del Mercosur es una etapa ya prevista. El presidente Batlle, antes de la crisis del pasado año, llamaba “serpiente” monetaria a un futuro acuerdo de ese tipo en la región, polÃtica que, propuso, fuera diseñada por quien por entonces era ministro de EconomÃa de la Argentina, el doctor Domingo Cavallo.
Claro, recordar lo dicho en alguna oportunidad por nuestro Presidente no es más que mostrar, otra vez, lo que son expresiones de un pensamiento contradictorio que pasó desde una propuesta de recreación de la “Provincia Cisplatina” a un acuerdo de libre comercio, bilateral, con los EEUU.
Por supuesto que una convergencia monetaria como la que han comenzado a analizar en el marco del Mercosur Argentina y Brasil, requiere la concreción de flexibles pero terminantes acuerdos macroeconómicos, debiéndose acordar polÃticas comunes en varios campos (presupuestales, acuerdos antidumping y aduaneros, convenios impositivos y en materia de inversiones)
Para la pequeñez de nuestra economÃa, que se afinen esos acuerdos serÃa conveniente, pues los agentes económicos podrÃan de una vez por todas comenzar a pensar en producciones de una escala mayor, dentro de un marco coyuntural que tenderÃa a una relativa estabilidad.
Que en este momento, ante la enunciación del tema, voceros del gobierno vean con preocupación esos análisis bilaterales entre Argentina y Brasil, muestra también el sentido cortoplacista e improvisado de quienes manejan nuestra economÃa. ¿O es que pensaban que el “veranillo incipiente” se mantendrÃa para siempre? ¿Que los gobiernos de los paÃses vecinos no tenÃan en agenda poner fin al importante atraso cambiario que se verifica en sus economÃas?
Para Uruguay es más que conveniente que las reglas de juego sean lo más estables posibles, de lo contrario en el paÃs no habrá inversión de ningún tipo. ¿Quién estarÃa dispuesto a colocar capitales en un paÃs con un pequeño mercado interno y cuyas exportaciones estuvieran acotadas –como hasta ahora– por coyunturas cambiantes?
Son elementos, también coadyuvantes, que acentúan la importancia de profundizar los acuerdos en el Mercosur. Jugar con la ilusión cortoplacista de que podremos sostener la reactivación en el coyuntural atraso cambiario de Argentina y de Brasil, es simplemente un disparate. *
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