Sumisión reiterada y falsificación de la historia

Ningún presidente uruguayo mostró tal grado de sumisión a la política externa de una potencia dominante como la que exhibió Jorge Batlle tras su reunión con George Bush en Washington el 23 de abril. Fue una demostración de servilismo y supeditación al gobierno norteamericano, que hiere profundamente la conciencia nacional y hace trizas el concepto de una política exterior independiente. La ciudadanía le dice al presidente: no en nuestro nombre, reproduciendo el lema con que norteamericanos opuestos a la invasión a Irak enfrentaron a quien Batlle rindió pleitesía y estrechó las manos, manchadas en sangre.

Hay más. En la reciente reunión de ministros de Defensa de 40 países americanos realizada en Brasil, el gobierno anfitrión propuso formalizar un espacio de defensa de América del Sur. El titular uruguayo Yamandú Fau replicó que el espacio debía comprender a todas las Américas, alegando que «mi Pesidente se encuentra en Washington dialogando con el gobierno de EEUU en procura de solucionar algunos de los problemas que el país tiene en materia de exportación, y por lo tanto es un dato de la realidad que debemos tener presente». Sentimos vergüenza ajena.

Para caer a semejante nivel Batlle falsificó la historia. Por acción y por omisión.

Al comenzar su panegírico a EEUU afirmando que este país «encabezó la coalición contra el nazismo», le llovieron palos de todos los sectores en todos los tonos. El historiador británico Eric Hobsbawm escribe en «El breve siglo XX»: «La democracia se salvó porque para enfrentar al fascismo se formó una alianza temporaria y peculiar entre capitalismo liberal y comunismo: básicamente la victoria sobre la Alemania de Hitler fue, como sólo podía haber sido, una victoria del Ejército Rojo. La victoria de la Unión Soviética sobre Hitler fue una realización del régimen allí instalado por la Revolución de Octubre. Sin eso, el mundo de hoy (con excepción de los Estados Unidos) sería probablemente un conjunto de variaciones sobre temas autoritarios y fascistas». En conferencia posterior en Buenos Aires, Hobsbawm afirmó que «sin el Ejército Rojo y el comunismo, Europa no hubiera vencido a los alemanes», destacando a la vez el papel de las fuerzas de resistencia contra el fascismo. Esto se lo recordaron a Jorge Batlle incluso desde sectores de su partido: el heroísmo del maquis francés, la lucha de Tito y de las fuerzas patrióticas en los países ocupados de Europa. Y fueron piadosos al no mencionarle la tardanza de años en abrir el segundo frente mientras la epopeya de Stalingrado conmovía al mundo, la contraofensiva soviética que salvó al desembarco en Normandía, el genocidio de Hiroshima y Nagasaki cuando la suerte de la guerra contra el eje ya estaba definida tras la caída de Berlín.

El presidente dijo que EEUU no tiene ni tuvo colonias. ¿Y qué es Puerto Rico sino el estado Nº 51 de Estados Unidos, que por añadidura montó allí diez bases militares y utilizó por 68 años la isla de Vieques como polígono de tiro y para maniobras de la OTAN? A México le robó más de la mitad de su territorio. Cuando los patriotas derrotaban al imperio español en la última de sus colonias, EEUU le declaró la guerra a España, desembarcó en Guantánamo en 1898 (y lo conserva hasta hoy), gobernó a Cuba desde 1899 a 1902. Entonces EEUU también aquí se propuso suceder a España (en el mismo proceso que abarcó a Cuba y Puerto Rico), le declaró la guerra y finalmente se quedó con el archipiélago. Entre 1899 y 1911 un millón de filipinos murieron luchando contra la ocupación estadounidense comandada por el general Douglas Mac Arthur, padre de quien estuvo al mando de la ocupación de Japón de 1945 a 1952 y fue defenestrado por Truman porque quería lanzar la bomba atómica sobre la República Popular China.

En 1902 Teddy Roosevelt proclamó el «I took Panamá». En 1915 los marines ocuparon Haití, lo convirtieron en una colonia hasta 1934 y siguieron haciéndolo bajo Duvalier padre e hijo, dictaduras enfeudadas al dólar al igual que la de Trujillo en Dominicana. ¿Qué fueron todas las dictaduras militares de América Central sino agencias del poder colonial de EEUU, empezando por la de Somoza, el asesino de Sandino, siguiendo por la de Carias en Honduras, la de Ubico en Guatemala (derribado por la revolución de octubre 1944 de Arévalo y Arbenz), la de Batista en Cuba, fotografiado en su abrazo con Nixon?

Ya que el Dr. Batlle se refirió los acontecimientos transcurridos durante su vida, ¿no oyó hablar de la invasión de Guatemala en 1954, de la Dominicana, que él conoce tan bien, por los marines en 1965, del respaldo militar de EEUU a la contra antisandinista, de la invasión de Granada en 1983, de Panamá en 1989, del golpe de Lincoln Gordon contra Goulart, del golpe de Nixon y Kissinger contra Allende? Y hoy mismo, ¿no tiene EEUU bases en Japón como la de Okinawa, 37 mil hombres en Corea del Sur, asesores y mercenarios en Colombia, bases rodeando a ese país en Manta, Aruba y Curaçao, proyecto de extenderlas en Argentina, la de Udeid en Qatar, las de Arabia y Kuwait, la de Diego García en el Indico, a las que suman nuevas bases en Irak, país donde se van a quedar sus tropas de ocupación dos años para empezar? Todo esto es algo más que un pedazo de tierra para enterrar a sus muertos. *

* Periodista

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