Los trabajadores y el 1º de Mayo

Los trabajadores uruguayos conmemoraron otro 1º de Mayo, fecha histórica que en nuestro país ha tenido una relevancia unitaria muy importante. En esta oportunidad, cuando el país lleva más de cinco años de recesión y han sido, en especial, los trabajadores quienes han pagado con desocupación, sueldos indecorosos y caída del consumo, las consecuencias de una crisis que ha sido el correlato de una política de gobierno absolutamente contraria a los mejores intereses del país, se escuchó el planteo de la central obrera, el PIT-CNT, planteando su oposición al modelo de país que impulsa el gobierno.

Cómo no entender la protesta, la voz alta, con la que se ha expresado la dirigencia sindical a través de la proclama leída ayer. Es que este es un país rico, sin accidentes geográficos que dividan el territorio en regiones de difícil acceso, con un suelo fértil y un clima benigno que admiten la descuidada desprolijidad de la explotación extensiva. Un ámbito geográfico envidiado por muchos que han tenido que recrear en desiertos inhóspitos las condiciones que los uruguayos tenemos naturalmente.

Un país, con una población formada en aulas de una sociedad igualitaria, en que la visión de José Batlle y Ordóñez sirvió para crear las bases de un Estado nuevo, solidario, quizás demasiado abarcativo, pero que fue señalado como un ejemplo integrador por el significado que tuvo en él la implantación de sistemas solidarios de seguridad social, etc. y que, a través de las empresas públicas, colocó a los uruguayos en el siglo XX.

Una sociedad que logró abatir totalmente el analfabetismo y que hizo de los uruguayos buenos trabajadores, capacitados para emprender las más difíciles tareas. Un país que pudo acoger la emigración de gente que llegó a nuestros puertos con la esperanza de concretar un porvenir de progreso y que lo logró.

Por supuesto, el tiempo pasó y el objetivo democrático, igualitario, comenzó a torcerse invirtiendo el signo de los caminos que se recorrían y que habían impuesto la estabilidad. Aparecieron las mezquindades y afloró el sentido del lucro cortoplacista a cualquier costo, ingresando el país en la más descarnada lucha de clases. Se quisieron implantar los mecanismos propios de capitalismo salvaje.

Hoy, ese mismo territorio sin elementos mayormente negativos, se encuentra vegetando sin que se haya alcanzado el objetivo, que debería ser fundamental para cualquier gobierno, de multiplicar la riqueza para que los uruguayos podamos vivir mejor y, obviamente, ser mejores. Un gobierno que quiere venderlo todo: ya lo hizo con las carreteras, sectores del puerto, etc. Quiere seguir adelante con las empresas públicas, en una tozudez ideológica que no repara en metodologías.

¿Cómo es posible el desastre que se vive en la actualidad? ¿Es admisible que haya casi un 20 por ciento de trabajadores uruguayos que están desocupados? ¿No parece incomprensible que haya niños, en este pueblo de algo más de tres millones, que mueran de hambre y que la marginación se extienda en porcentajes nunca vistos?

Interpretamos, en vinculación a la fecha conmemorada ayer, que está muy bien que los trabajadores hayan ganado la calle para protestar, dentro de los lineamientos de la democracia, para torcer el brazo de este gobierno que además de ineptitud muestra la incapacidad de entender el camino por el cual se debe transitar para defender los mejores intereses de todos. *

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