Asuntos prioritarios en el 1º de Mayo
El jueves, como todos los años, estamos convocados por el PIT-CNT a la concentración popular en conmemoración del día internacional de los trabajadores.
¿Es una liturgia? Para muchos, lo es. Por el profundo contenido histórico de la fecha. La represión –con condenas de muerte incluidas– de trabajadores que luchaban por la jornada de ocho horas. Se unen en ella la lucha social de los trabajadores organizados, con una de las reivindicaciones más sentidas, como lo ha sido la limitación de la jornada de trabajo.
Pero también es un buen momento de reflexión, puesta al día, balance y compromiso para continuar luchando. Yo me quiero detener hoy en el último ítem: seguir luchando.
Fíjese usted si será necesario. Hoy día, en nuestro país, la jornada de ocho horas es un mito para miles de compatriotas, pese a que está consagrada por una ley. Es que los beneficios para los trabajadores no han nacido nunca de la voluntad de un gobierno, ni por consenso entre gobernantes, patronos y trabajadores. No. Obedecen siempre a especies de armisticios, llámele convenios si quiere, a los que se llega luego de confrontar y discutir. Y porque se llega a ellos de esa manera, su cumplimiento estará asegurado –especialmente– cuando se los vigila atentamente con la organización sindical aceitada, más allá del documento que los consagre. Aunque el gobierno no es neutro en este relacionamiento. También de su voluntad depende que las leyes y los convenios se cumplan.
Creo que es muy importante considerar estos extremos. La radicalidad de un movimiento sindical no está dada por el tenor de las consignas, sino por la convicción del colectivo involucrado, de que ellas son justas y obtenibles. La acción sindical se ha integrado siempre con la lucha y la negociación. Porque al cabo del sacrificio que significan las sanciones económicas, con persecución muchas veces, es bueno culminar con un acuerdo que, aunque no da la razón a ninguna de las partes, es el mínimo aceptable para normalizar la actividad.
Nuestro movimiento sindical –que, afortunadamente, está nucleado en una Central única– ha cumplido siempre con la tarea de confrontación-negociación. En algunas oportunidades ha debido ampliar su campo de acción para defender las libertades y la democracia y lo ha hecho con dignidad y efectividad; es bueno recordarlo siempre. Nadie necesita más del oxígeno de las libertades públicas que el luchador social.
En la coyuntura actual, la recesión y el fundamentalismo económico, han arrumbado en el arcón de los cachivaches la negociación colectiva del salario, la creación de fuentes de trabajo, los beneficios sociales y los fueros para el desarrollo de la actividad sindical.
Opino que estos asuntos son los que merecen el tratamiento prioritario en la convocatoria del día jueves. Allí nos veremos. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad