Los 33 y el Gueto de Varsovia: la misma lucha por la libertad
El 19 de abril es para el pueblo uruguayo una fecha histórica que recuerda el desembarco de los Treinta y Tres Orientales encabezados por Lavalleja en 1825.
Desde la vecina orilla atravesaron el río en lanchones y, apoyados por los ex donatarios de tierras del Reglamento Provisorio de 1815, dictado por Artigas, iniciaron el levantamiento.
Como en 1811, la insurrección abarcaba mayoritariamente a la población oriental. Era una oposición nacional hacia una potencia extranjera, Portugal, y sus personeros locales.
Descriptos por Acevedo Díaz, en medio de la atención de los vecinos, o pintados por el pincel brillante de Blanes, entraron en la mejor historia del pueblo uruguayo.
La lucha por la libertad y la independencia, es un principio indestructible en la forja del sentimiento nacional.
Quiero unir este 19 de abril de la Historia uruguaya, que al caer en plena Semana de Turismo, prácticamente diluye su conmemoración, con una película que se está exhibiendo en los cines de la capital «El Pianista» de Roman Polanski, que se refiere a otro 19 de abril, el de 1943, que inmortaliza el Levantamiento del Gueto de Varsovia, frente al exterminio nazi del pueblo judío.
Se vivía la utopía regresiva del Milenio Nazi soñada por Hitler.
Su objetivo era destruir el bolchevismo, las podridas democracias y los pueblos inferiores como judíos y gitanos. Para preservar la «Raza Superior» se construyeron guetos, sociedades separadas donde los judíos vivirían aislados de los alemanes para «no contaminarlos».
En un espacio de Varsovia, se cercaron varias manzanas, y donde cabían normalmente 20.000 habitantes se hacinaron 450.000 personas.
En 1941 los alemanes decidieron comenzar los fusilamientos de familias enteras, para acelerar el proceso de liquidación.
En 1942 se iniciaron las deportaciones en masa para campos de exterminio, comenzando por los más desvalidos, enfermos, mujeres, niños y viejos, no aptos para el trabajo esclavo. Treblinka, Auschwitz, Majdanek y otros campos de concentración fueron el destino trágico de millones de judíos, rusos, gitanos y partisanos de la resistencia.
Se les engañaba con el pretexto de que iban a «Campos de Trabajo» .
Pero los rumores intensos confirmaban que los nazis estaban aplicando la «Solución Final», que significaba el exterminio del pueblo judío.
Comienza la resistencia, y los que se negaban a subir a los trenes eran fusilados de inmediato. Pero en la clandestinidad se prepara la insurrección, con la consigna de morir luchando y no ser masacrados pasivamente.
El 18 de abril de 1943 se había impartido la orden nazi de destruir el gueto. En la víspera de Peisaj, fiesta de la Libertad, Hitler había decidido que en tres días se debían eliminar los últimos 60.000 sobrevivientes del Gueto.
Impartida la orden por Himmler, jefe de las siniestras SS y comandado por el general Stroop, un destacamento del ejército alemán apoyado por blindados, inicia la ofensiva final. Programada para tres días o setenta y dos horas o 4.320 minutos, la operación se encuentra con una resistencia inesperada.
No fue tan fácil. El mito de la invencibilidad alemana, destruido en Stalingrado, no era suficiente para infundir el temor paralizante. Al entrar al gueto fueron recibidos a balazos, con cócteles «molotov» y armas caseras, y tuvieron que retroceder.
El número de las tropas alemanas aumentó, incluida la artillería y la aviación.
Pasan los días y las semanas y el Gueto resiste. Casa por casa se combate, en túneles y escondrijos. Cansados de la resistencia, se da la orden final de arrasar y quemar completamente al Gueto. Los tres días iniciales se transformaron en veintiuno, las setenta y dos horas en mil quinientas doce horas, los 4.320 minutos en 90.720 minutos.
Sólo algunas decenas de resistentes pudieron huir de los 60.000 sobrevivientes al inicio de la insurrección y previo a ello W. Spillman el famoso pianista, que dio motivo a la película citada.
Quedó este hecho como una de las páginas heroicas de la humanidad.
Un poema se transformó en la canción del Gueto: «Nunca digas».
«Nunca digas que es tu último camino/ aunque un cielo plomizo cubra el día azul/ todavía habrá de llegar el día soñado/y nuestro paso resonará ‘aquí estamos'».
Sí, aquí están los ejemplos de todos los seres humanos que resistieron dictaduras, invasiones y ocupaciones.
Educar a las nuevas generaciones tanto en el ejemplo de los Treinta y Tres Orientales como en la gesta de los combatientes del Gueto y otros hechos históricos inmortales es una tarea necesaria. Ningún sueño colonial o imperial será eterno, ninguna nación puede construir su felicidad basada en la opresión de otra.
El sueño de la libertad es inherente a la condición humana. *
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