El verdadero rostro del imperio en Irak

El desarrollo de las políticas de posguerra por parte de los Estados Unidos en Irak ha venido suscitando las más variadas críticas en distintos ámbitos. El primero de ellos es el que se desarrolla en el seno de la corriente chiíta, mayoritaria en la población del país mesopotámico. En estos días las manifestaciones religiosas de masas que se han realizado han asumido también el carácter de reivindicaciones populares de gobierno propio y retiro de las tropas y de los gobernantes militares que las tropas invasoras procuran instalar.

Al mismo tiempo, la angurria, el deseo insaciable de apropiación de las riquezas iraquíes que exhibe el gobierno norteamericano está día a día acentuando las diferencias con sus históricos aliados europeos.

Comentando esta realidad, Naomi Klein ha escrito en estos días una serie de reflexiones de interés.

El analista desarrolla la idea de que si (los gobiernos europeos) se sienten airados ante el unilateralismo estadounidense, eso no tiene mucha importancia. ¿A quién le importa si las multinacionales obtienen los mejores contratos en el Irak posterior a Saddam? ¿O que la privatización es hecha de manera unilateral por Washington, o multilateral, por Estados Unidos, Europa, Rusia y China? Lo que está totalmente ausente del debate es el pueblo iraquí, el que tal vez desea que queden en su poder algunos de sus bienes.
Ante la ausencia de un proceso democrático, lo que se está planeando no son reparaciones, reconstrucción o rehabilitación, sino robo puro y simple. Saqueo en masa, disfrazado de caridad. Privatización sin representación. El pueblo iraquí, hambreado y enfermo por las sanciones, luego pulverizado por la guerra, emergerá de este trauma para descubrir que su país ha sido vendido.

Comentando los anuncios efectuados en Washington acerca de que las autoridades impuestas por las tropas norteamericanas establecen los lineamientos estratégicos de la economía de Irak, Klein concluye: (El pueblo iraquí) también descubrirá que su nueva «libertad» estará maniatada por decisiones económicas que estaban siendo planeadas en oficinas de corporaciones mientras las bombas seguían cayendo. Luego se le pedirá que vote por nuevos líderes, y que dé la bienvenida al maravilloso mundo de la democracia.

Ignorar, como se ha hecho, el sentido específico y material de la invasión a Irak, pretender liquidar el análisis del problema en los términos infantiles que lo ha planteado el gobierno de los Estados Unidos, es un tipo de conducta indigna para un gobernante latinoamericano y del Tercer Mundo. *

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