Otro desacierto presidencial
ese a las definiciones contrapuestas de algunos medios de prensa sobre la visita de Jorge Batlle a EEUU, donde se reunió con el presidente George W. Bush y un jerarquizado núcleo de integrantes del gobierno norteamericano, es todavía difícil encontrar un término para calificar lo ocurrido.
Las fluidas informaciones que llegaron al país dieron cuenta de un nuevo desacierto de nuestro primer mandatario, quizás mucho más grave que aquel episodio en que afirmó, frente a las cámaras de la cadena norteamericana Bloomber, que todos los argentinos eran corruptos.
Decimos que más grave, porque aquellas espectaculares declaraciones que provocaron un escozor muy fuerte en el gobierno argentino, no fueron más que un despropósito epidérmico que pudo ser solucionado más tarde gracias a la indulgencia del presidente Duhalde.
Sin embargo, lo ocurrido en Washington es distinto. Aquí el disparate llegó a términos increíbles, pisoteando uno de los pocos elementos que, internacionalmente, caracterizaron a nuestro pequeño país: la dignidad.
No es posible que Batlle dijera, por ejemplo, que en la Argentina triunfará Carlos Menem, cuando se está a unos días de los comicios y se organiza para las próximas semanas una visita del presidente Duhalde. Además, su apreciación no es más que una expresión de deseos porque hasta hoy las encuestas no autorizan a que se sostenga tamaña cosa. Esperemos que cuando la delegación del gobierno deba viajar a Buenos Aires a la transmisión de mando, nadie recuerde la afirmación presidencial que, además, podría considerarse como un elemento destinado a influir en un proceso que es propio del pueblo argentino.
Podríamos seguir con otras de sus afirmaciones, como la glorificación de la política exterior del país del norte, afirmando que es una potencia democratizadora y que tras cada guerra y la consiguiente destrucción provocada, llegaron los planes Marshall para recomponer todo y lograr el progreso de quienes habían sido los eventuales enemigos. Se olvidó de la historia de América Latina, de la acción del Departamento de Estado en la organización de los golpes de Estado en nuestro continente, de la guerra en que financió a «la contra» en Nicaragua, de lo ocurrido en la Guatemala de Arbenz y de la financiación de los grupos paramilitares que sembraron el dolor y la muerte en el seno de pueblos hermanos. Para Batlle la acción norteamericana en Vietnam se concretó para implantar, claro que en base al napalm y a las bombas de fragmentación, la democracia. Lo mismo en Afganistán e Irak.
Sabemos que existe una relación privilegiada con EEUU de lo que fue expresión el crédito puente que determinó que el país no se hundiera luego de la irracional política de «salvataje» del sistema financiero. Sin embargo, más allá de las diferencias o coincidencias políticas que se pudieran tener, lo que no puede ocurrir es que nuestro Presidente, votado en una elección democrática, les haga sufrir a todos los uruguayos el escozor creciente de la vergüenza. *
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