Cuba: quitar telarañas y evitar infantilismos

La pregunta que me realizó uno de mis hijos, hace sólo unas horas, puso una vez más sobre la mesa el tema Cuba y algunas declaraciones de intelectuales.

Con naturalidad, el joven que tiene 29 años lanzó al aire su consulta: ¿Por qué algunos intelectuales aparecen escribiendo de algunos temas y sobre otros no?

¿Por qué tan rápidos para opinar sobre algunos casos y, sobre otros no se pronuncian? Y agregó que a veces parece que ni se enteraran que ellos existen.

A decir verdad, vi en su pregunta una mezcla de dolor y molestia, sensaciones motivadas luego de leer ciertas apreciaciones urgentes escritas tras algunas detenciones y fusilamiento de tres delincuentes en Cuba.

La cosa es clara. Se refería a los artículos escritos por el europeo y Premio Nobel José Saramago y, por el periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano.

Saramago espetó que ya no acompaña a la Revolución verde oliva.

Otro gallo cantó, le dije sonriente cuando el querido escritor y poeta Mario Benedetti comentó «yo he sido muy claro, sigo junto a Cuba».

Traté de explicarle que, muchas veces, la distancia y la falta de conocimiento sobre los detalles de los hechos llevan a las personas necesitadas de dar a conocer su posición sobre temas trascendentes, a introducirse por caminos equivocados aunque sus intenciones no sean negativas.

Cuba nos convoca siempre. En Uruguay provoca amores y odios, quizás, como dijo el capitán retirado Gerónimo Cardozo, porque como siempre «es hora de ponerse de un lado u otro».

Sin embargo, también es bueno recordar que ningún análisis serio del proceso revolucionario cubano puede finalizar en una conclusión sobre ese, a partir de un solo hecho, y más aun, si ello se hace sin contar con todos los elementos.

Benedetti, por ejemplo, coincide con el gobierno cubano cuando el mismo canciller Felipe Pérez Roque asegura que a su país tampoco le gusta la pena de muerte, aunque ahora tenga que utilizarla en medio de los ataques terroristas y provocaciones que pueden terminar incluso en la intentona de ocupación militar de la Isla.

El mismo intelectual uruguayo dio una vez más muestra de su claridad y seriedad para tratar los temas al preferir no emitir opinión sobre la detención de personas acusadas en Cuba de servir a una potencia extranjera como es Estados Unidos, por no contar cuando se le entrevistó con información detallada sobre los mencionados casos.

Y es que los que formamos parte de la generación de los sesenta, no podemos darnos el lujo de ser ingenuos o infantiles en nuestras apreciaciones sobre cosas tan serias, menos aun sabiendo que nuestros comentarios influyen directa o indirectamente sobre las noveles generaciones.

Cuba está en guerra, nos guste o no reconocer ese hecho del que son testigos directos los más de once millones de ciudadanos cubanos y otros tantos latinoamericanos, norteamericanos, europeos, africanos o asiáticos que allí residen.

Me viene ahora a la memoria parte de un comentario que realizó recientemente el senador uruguayo Eleuterio Fernández Huidobro cuando consultado sobre la ejecución de tres ciudadanos cubanos en la Isla comentó que «habría que estar en el pellejo de los cubanos, mientras defienden a su país, para saber qué decisión adoptaría uno».

El militar retirado Gerónimo Cardozo dijo en una entrevista radial que «Cuba enfrenta desde hace más de 40 años el terrorismo que proviene de Estados Unidos».

Por otra parte, los cubanos no pidieron permiso a nadie para levantarse en armas por su libertad; la pregunta ahora es si tendrían entonces que solicitarlo para decidir cómo defender sus conquistas.

No se trata de estar o no de acuerdo con la pena de muerte, sobre la que incluso Cuba se ha manifestado optimista en poder dejarla de lado, lo que seguro será cuando deje de ser acosada como lo es por el imperialismo desde hace más de 40 años.

Seguros están los cubanos que podrán dejarla de lado cuando Washington deje de financiar y auspiciar los ataques terroristas contra la Isla desde su propio territorio.

Por todo ello, a esta hora solo cabe decir que la esperanza para los pueblos latinoamericanos brilla como nunca en la misma medida que avanza el proceso revolucionario cubano.

Quizás los latinoamericanos haríamos mucho bien en dejar de ver el mundo a partir de nuestro ombligo y, con la vista levantada, respirar entonces los aires libres que brotan desde las montañas caribeñas.

Ellos, además, pueden lograr acariciar nuestras mejillas y, por qué no, ayudarnos a quitar este color de sonrojo que hoy las tiñe motivado por algunos comentarios de cosas íntimas, estando tan distantes de donde ellas se producen.

Las puertas están abiertas. ¿Tendremos el valor de caminar hacia ellas y, en el portal, todos juntos tomarnos un café latino-caribeño? *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje