Crisis y tarifas públicas
La rebaja de las tasas de algunos productos financieros con que el Banco de la República trata de impulsar un crecimiento del crédito, al parecer, no tendrá un resultado mayormente espectacular. Es que, aun con ese importante recorte, la economía uruguaya no está en condiciones de hacer frente a intereses como los planteados, porque las empresas se encuentran en franco proceso de retracción. En esta nota no queremos aparecer criticando una medida que es correcta, dando «palos cuando bogas y dándolos también cuando no bogas», simplemente intentamos reflexionar sobre lo que sigue ocurriendo en un país que vive ya más de cinco años de recesión abierta.
Es que se ha llegado a una situación extrema en la cual la mayoría de los empresarios pequeños y medianos no tiene acceso al crédito, por ser deudores en los grados 3, 4 y 5. Y, si en algunos casos lo tienen, los intereses que se les exigen están más allá de todas las posibilidades de rentabilidad. El país está en recesión y, para salir de esta gravísima situación, no existe otro remedio que intentar una mejoría en la capacidad de compra de la gente, lo que alentaría la actividad y multiplicaría de manera relativamente rápida la actividad. Claro, en esta política, cuya aplicación es imprescindible, se necesita una clara acción del gobierno destinada a reducir el peso del Estado.
¿Por qué, entonces, no se tocan las tarifas públicas? Estudiando el tema, bajo la experiencia de lo que está ocurriendo luego de la rebaja del precio de la nafta, se hace evidente que ese camino es posible y conveniente. No sólo mejora el volumen de combustible que se comercializa, sino que además determina que Ancap no siga malvendiendo todo el volumen de sobrantes a la Argentina.
Al respecto sería interesante que el ente energético hiciera público el resultado del primer mes bajo esta experiencia, bastante inédita para el país, de una rebaja de los precios que, obviamente, se convierte en una reducción del peso del Estado.
Es sorprendente el silencio que existe sobre este tema, especialmente cuando la lamentable política tarifaria, concomitante al empobrecimiento de la gente, ha contribuido también a desfinanciar a las empresas públicas.
Sería bueno que algunos economistas, que gustan hablar de los «caminos correctos» que se recorren, estampen en negro sobre blanco lo que piensan al respecto. Que digan si contribuir a reducir el peso del Estado, sin tener que achicar mucho más los sueldos y las jubilaciones, en base a una medida tan simple como la rebaja, no es contribuir a revertir una situación que está cuestionando al país en su propia existencia. *
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