Cuando se analiza –como hizo muy bien el economista Daniel Olesker en el dÃa de ayer– la polÃtica de aplicación de aumentos en las tarifas públicas realizada por el actual gobierno, se puede comprobar cómo la irracionalidad y el absurdo fueron elementos que motivaron tanto dislate. Si, como sostiene Olesker, esa polÃtica fue impulsada por el Fondo Monetario Internacional, se puede también llegar a la comprobación de que uno de los crÃticos más duros de ese organismo, el economista y Premio Nobel Josep Stigliz, no se equivocaba en sus afirmaciones.
¿Por qué afirmamos esto? Esencialmente porque el gobierno, en materia de tarifas públicas aplicó una polÃtica de continuos incrementos que, en definitiva, determinaron dos elementos claramente negativos: la baja abrupta del consumo, a lo que se suma la caÃda por fuera de los niveles aceptables, del estándar de producción de las empresas, lo que –hasta podrÃa ser comprendido por un integrante del equipo económico– es sinónimo de mayores costos.
Si los gastos fijos son los mismos, ¿cómo hicieron Ancap, Antel, UTE y OSE, para nivelar sus presupuestos? Tarea difÃcil, porque además el afán fiscalista del gobierno siguió presente al exigÃrsele a cada ente autónomo una contribución de parte de su recaudación para engrosar las escuálidas arcas del fisco.
Por supuesto que se le deberÃan pedir cuentas a los responsables del dislate, que en cifras determinó que el salario real, en relación con las tarifas públicas, cayó en un 40 por ciento. ¿El contador Ariel Davrieux, que seguramente actuó en torno a este paquete, creÃa realmente que modificando esa ecuación en ese nivel, era posible mejorar la recaudación?
Y, paralelamente, se llega a la irresponsabilidad –¿de qué otra manera podrÃamos calificar el hecho?– de aceptar un crédito de 250 millones de dólares, proveniente del Banco Mundial, para estudiar el mejor funcionamiento de la telefonÃa celular. ¿Es posible que alguien estime pertinente que se gasten millones de dólares en pagar a burócratas, incrementando más nuestra ya insoportable e impagable deuda externa, para analizar cómo mejorar un sector que se encuentra en claro retroceso, por no decir en abierta retirada? ¿Será que el gobierno todavÃa cree que en este mundo globalizado se pueden seguir vendiendo buzones?
Las polÃticas de un gobierno pueden ser desacertadas. La equivocación es una posibilidad de los humanos, pero cuando una polÃtica, como la tarifaria, es tan negativa y atentatoria para el interés nacional, las cosas cambian.
Hay que reclamar responsabilidades polÃticas y aclarar ante toda la población los detalles de un absurdo que ha llevado a las referidas empresas públicas, a deteriorar su situación en niveles más que peligrosos.
Y otra comprobación final. La rebaja de las naftas no fue el resultado de un análisis inteligente buscando el objetivo de mejorar la situación del sector que la consume, provocando asà una mejorÃa en algún aspecto de la deteriorada economÃa. Fue más bien una acción adoptada por razones de fuerza mayor, cuando Ancap tenÃa el agua al cuello, no estando en condiciones de soportar más la exportación de todo el volumen de combustible sobrante, a precios ruinosos.
Un tema que deberemos seguir abordando. *
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