La insoportable política tarifaria
La rebaja del precio de las naftas en un 12 por ciento, determinará de manera automática un incremento de la comercialización de las mismas, con lo cual Ancap podrá reducir la súper abundancia de ese combustible, cuyo sobrante está siendo exportado a la Argentina a 7 pesos el litro. La rebaja en el precio no sólo determinará la venta de mayores volúmenes, evitando el perjuicio de esa comercialización ruinosa, sino que extenderá a nivel de los consumidores una rebaja de costos que redundará, obviamente, en una mayor actividad.
Desde el punto de vista de la recaudación, es evidente, que la misma depende de la capacidad de compra de la gente. Es difícil predecir si la venta de combustible se extenderá más allá de ese 12 por ciento, porque el volumen del dinero que está en poder de la gente es el mismo, siendo además erosionado mes a mes por el continuo drenaje confiscatorio que ha empobrecido rápidamente a los habitantes de este país. Pero es evidente que la medida de rebajar la nafta es positiva y, además, aunque la mayoría de los integrantes del equipo económico piensen lo contrario, es en su medida reactivadora de una economía más que en retroceso.
Si una resolución parecida hubiera determinado el descenso del precio de los demás combustibles, especialmente del gasoil, el proceso se vería con mayor claridad. La cadena de beneficios e impulsos en la economía serían apreciados por más gente. Se abarataría el transporte de los más distintos rubros, mejorándose la competitividad del país.
No queremos exagerar en el concepto, pero quienes saben de los efectos que tienen en una economía en recesión los impulsos anticíclicos, pueden entender en su dimensión de qué estamos hablando y la gravedad que ha tenido para el país la política tarifaria, irracional, que ha llevado adelante el gobierno, que en lugar de lograr los efectos buscados obtiene siempre los contrarios.
Cuando el salario real ha caído en los niveles que sufrimos los uruguayos y, además, la actividad de las empresas se ha deteriorado a tal punto que el PBI se estima en un 20 por ciento en menos (más de 10 mil millones de dólares), es que aparece como absurdo que se quiera mantener la actividad del Estado y, de alguna manera, de las empresas públicas, haciendo crecer incesantemente las tarifas.
La situación de Ancap por ese descontrol empobrecedor se convirtió en explosiva. La nafta acumulada, que no se vendía, se hizo insoportable, a lo que se sumó una caída en la recaudación. Recordemos que existe una relación rígida por barril de petróleo refinado, entre la nafta, el gasoil y los demás subproductos. La tímida rebaja que se aplicó en el precio de la nafta, sin duda tenderá a solucionar por lo menos dos aspectos: la caída en las ventas y la reducción de un sobrante que Ancap tiene que malvender a la Argentina.
Antel es otro ejemplo de esa equivocada política tarifaria. El uso del teléfono se ha convertido en una actividad tan gravosa que algunas costumbres se han ido modificando. Hoy la utilización del celular se ha adaptado a las circunstancias que viven los uruguayos. Un sistema que ha achicado su actividad porque nadie puede hacer frente al absurdo de tarifas inalcanzables cuya aplicación, como reflejo, se ha convertido en un bumerán contra la propia Antel. Las tarifas de la telefonía básica también han crecido rápidamente, a tal nivel que es más barato comunicarse de celular a celular que de un teléfono común a un celular.
Esta distorsión tarifaria debe ser revertida. Además, en su estudio se debería tomar en cuenta el costo real de cada servicio para que no se sigan barajando sin control las distintas alternativas para jugar en una partida en la que sigue perdiendo el país.
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