El imperio sigue avanzando

Como para demostrar hasta qué punto EEUU está dispuesto a impulsar su imperio universal, ya su presidente está hablando de armas biológicas en Siria.

Evidentemente, la creatividad de Washington está un poco devaluada y no encuentra mejor pretexto para expandir su dominio que el de las armas químicas. Un argumento que se desmoronó cuando los inspectores de ONU produjeron informes terminantes respecto a que el régimen de Bagdad no estaba en posesión de armas de esas características. No obstante ese informe negativo, Washington, Londres y Madrid siguieron adelante con sus planes bélicos. De nada valió la posición sustentada con firmeza por Alemania, Francia y Rusia: los dados ya estaban echados; Bush ya había resuelto invadir Irak y nada lo detendría. Como si se tratara de una acción largamente anunciada, EEUU ya ha señalado quiénes son sus enemigos. El «eje del mal» –una expresión con connotaciones religiosas– personaliza al demonio y contra él deben dirigirse todos los esfuerzos para liberar al mundo de su amenaza.

Siria e Irán en el Medio Oriente; Corea del Norte en Asia y Colombia y la Triple Frontera en América Latina parecen ser los próximos objetivos estratégicos del imperio, sin olvidar la Venezuela de Chávez y la pequeña isla de Cuba, que EEUU sueña con reincorporar como protectorado.

El régimen de Damasco está en la mira y se supone será el próximo blanco. El secretario de Defensa de EEUU acusa al gobierno sirio de dar asilo a autoridades y militares iraquíes. Ya lo había advertido el propio Bush: «O se está con nosotros o se está contra nosotros», que es como decir «quien no nos apoya explícitamente ni se presta a satisfacer nuestras demandas es nuestro enemigo», dando a entender que la neutralidad no es posible cuando se trata de los intereses de la metrópolis.

Cada día que pasa, el mundo asiste, azorado, a una escalada sin precedentes que lleva a EEUU a convertirse definitivamente en el amo del mundo. Francia, Alemania y Rusia ya no cuentan como potencias, y la Organización de las Naciones Unidas ha quedado relegada a un papel apenas testimonial.

El problema está en que, como bien lo ha señalado el líder egipcio Mubarak, EEUU puede lograr, con su estrategia belicista y prepotente, que haya no uno sino cien Bin Laden dispuestos a mantenerlo en jaque con la amenaza de atentados terroristas. *

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