Doctorando a los amigos
A Bengoechea los hinchas lo bautizaron «El Profesor». Y está bien, es el homenaje de una hinchada a un profesional que le dio tantas y tantas satisfacciones. Pero todos sabemos hasta dónde llega el título. A nadie se le ocurriría postularlo para dar clases de historia en algún liceo.
En política existe una interesantísima fauna integrada por los que «se dejan decir». Por ejemplo: el tipo quedó trancado con Obligaciones en los primeros años de la década del 60 (cuando el Mundial de Chile) o ingresó al IPA, sí, pero no completó segundo año. Sin embargo, si un periodista, un correligionario o cualquier ciudadano le dijera doctor Fulano y Profesor Perengano, ellos «se dejarán decir», aunque nunca hayan pisado un Juzgado y la única actividad docente que se le conozca sea la de haberle enseñado a sus sobrinos a jugar a la escoba de 15.
Sirve esta introducción para explicar que, con fecha 19 de febrero de 2003, el vicepresidente de la República, señor Luis Hierro López, envió una nota al entonces presidente de la Cámara de Representantes, diputado Guillermo Alvarez, en la que se establece: «Cúmpleme comunicar a usted que ha quedado constituida a partir del 1º de febrero de 2003 la Unidad de Gestión del ‘Proyecto Apoyo al Parlamento Uruguayo URY/97 – 310/113/2000/11′, habiendo sido confirmados como directores del mismo el señor Paolo Oberti como co-director europeo y al señor Mario Farachio como co-director nacional».
Respecto a esta comunicación del señor vicepresidente, corresponde precisar que el proyecto al que refiere en su nota está regido por un convenio cuyas cláusulas ha desconocido, según surge de lo que se expresa a continuación:
1º) Según el convenio, la proposición de co-director nacional debe surgir de un acuerdo entre los presidentes de ambas cámaras. Tal temperamento es confirmado en nota del 6 de agosto de 2002 dirigida por la jefe de la Delegación de la Comisión Europea en Uruguay y Paraguay, embajadora Stella Zervoudaki, en la que insta al Sr. Hierro López a que «junto con el presidente de la Cámara de Diputados proceda a la selección del experto que se adecue al perfil previsto». Parece ser que para el Sr. vicepresidente de la República, un acuerdo consiste en que «yo propongo, vos aceptás».
2º) Pero quien debe cumplir la función de co-director nacional del programa debe reunir como cualidades la de ser «doctor en Derecho, con formación de informática jurídica y derecho informático (…)». Naturalmente que el señor Mario Farachio, designado por el señor Hierro López, no es doctor en Derecho, y mucho menos especializado en informática jurídica y derecho informático. Y realmente no estoy informado de que, ente las potestades del vicepresidente de la República, esté la de otorgar títulos académicos. Aunque bueno es reconocer que títulos así obtenidos tienen sus ventajas con respecto a los convencionales. Por ejemplo, no se deberá aportar al Fondo de Solidaridad ni a la Caja de Jubilaciones Profesionales.
Y por supuesto, cuando algún europeo vinculado al programa llame «doctor» a Mario Farachio, éste «se dejará decir». Realmente lamentable. *
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