El saqueo a los museos de Bagdad

Una nación ha sido agredida y militarmente derrotada.

Miles de bombas mortíferas han caído sobre las principales ciudades.

Después de los ataques aéreos, los tanques y los cañones han disparado sobre la ciudad

Miles de civiles indefensos han muerto y decenas de miles han resultado heridos en esos ataques.

Entre las víctimas prevalecen los las mujeres, los niños y los ancianos.

Cientos de edificios civiles que normalmente se ocupan de cuestiones, llamémosle humanitarias, como hospitales, usinas eléctricas o plantas potabilizadoras de agua, han sido destruidos y no están ahora en condiciones de atender las apremiantes necesidades de la población. Una población de millones de personas acorralada, sin agua, sin alimentos, sin medicina, sin electricidad.

Con un cuadro de horrores tan lacerante, con un muestrario de atrocidades tan actual como indignante, ¿qué tan grande protesta podría merecer el saqueo de un museo?

El asunto, sin embargo, tiene una honda significación.

El desprecio de las fuerzas de ocupación por el destino de los museos de Bagdad forma parte de la agresión, de la subestimación del pueblo iraquí, que está en la base inicial de esta guerra. Dado el legado histórico, artístico y arqueológico de que se trata, el desprecio va más allá de eso.

Ocupada la ciudad por las tropas anglo-norteamericanas, ¿sobre quién recae la responsabilidad de preservar el orden interno?

Una operación militar de porte internacional que se proponía, dicho textualmente, descabezar al régimen dominante en Irak ¿qué había previsto para el día siguiente?

Los cruzados del señor George Bush, sólidamente instalados en la ignorancia están convencidos que para vencer no es necesario más que ser más fuerte. Para los expedicionarios, Irak es una fuente de petróleo y un enclave geopolítico de gran importancia estratégica. Por la proximidad del petróleo, pero no sólo. Por la proximidad con Israel y por todo lo que significa esa región para el mundo.

En ese contexto ¿a quién puede interesar que en esa región, hace miles de años, haya aflorado la civilización?

¿A quién pueden interesar los testimonios plásticos de unas culturas portentosas que ocuparon la región de la media luna durante milenios?

Cuenta Robert Fisk, corresponsal inglés y del diario La Jornada de México: «Nuestros pies crujían sobre los destrozos de las figuras de mármol, las estatuas de piedra y las vasijas que habían sobrevivido a todos los sitios a que Bagdad se ha visto sometida, todas las invasiones de Irak a lo largo de su historia, sólo para ser destruidas cuando Estados Unidos llegó a ‘liberar’ la ciudad».

Los museos han sido saqueados por iraquíes, sin duda. Probablemente, comenta Fisk, «no tenían idea del valor de las vasijas y estatuas. Su destrucción debe haber sido producto tanto de la ignorancia como de la furia».

Este y otros saqueos se han realizado ante la mirada impasible de las tropas de los ejércitos de ocupación.

Concluye Fisk: «Desde que los talibanes se embarcaron en su orgía de destrucción contra los Budas de Bamián y las estatuas del museo de Kabul  más aún, quizá desde la Segunda Guerra Mundial o antes  jamás habían sido tantos tesoros arqueológicos reducidos a pedazos en forma tan gratuita y sistemática». *

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