La caja de Pandora
A menos de un mes de iniciada la invasión anglo-norteamericana, la resistencia iraquí parece definitivamente desmoronada y se ignora el paradero de las autoridades de Bagdad, incluido Saddam Hussein.
Como era previsible, la aplastante superioridad bélica en todos los órdenes de las fuerzas invasoras inclinó la balanza y les permitió ocupar la capital. Si bien la cautela de Bush y Blair les impide cantar victoria, la derrota del régimen de Saddam parece incuestionable.
Ahora bien, recordemos las razones (?) que llevaron a EEUU y Gran Bretaña a impulsar y concretar esta aventura bélica. En primer lugar, se apuntó hacia Irak como un país que representaba un riesgo serio y real para la paz de la humanidad por ser refugio y lugar de adiestramiento de terroristas y por estar en posesión de armas biológicas y de destrucción masiva; y el otro argumento esgrimido por las «democracias» occidentales era el carácter despótico e intolerante del régimen de Saddam, por lo que las fuerzas aliadas tenían la sagrada misión de reinstaurar la democracia.
Pues bien, confirmando lo señalado por los inspectores de ONU en sus informes, el ejército iraquí no hizo uso del temible arsenal que según Bush, Blair y Aznar poseía, y las tropas de ocupación tampoco han podido hallar ese arsenal.
Y en cuanto a la supuesta «liberación» del pueblo iraquí de su dictador, el resultado de la invasión se parece más bien a la apertura de una indeseable caja de Pandora: los libertadores han impuesto el caos, la anarquía y la inseguridad; las informaciones provenientes de Bagdad señalan la aparición de bandas de delincuentes dedicadas al saqueo sin que las tropas de ocupación tomen medidas para garantizar el orden. La guerra ha tenido como consecuencia primaria desatar los peores instintos, miserias y calamidades de que es capaz la especie humana.
Incluso los opositores y víctimas del régimen, que abrigaban la esperanza de una liberación, advierten con pesar que los gobiernos invasores no están guiados por ningún sentimiento altruista sino exclusivamente por sus mezquinos intereses. *
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