El odio no construye
Bastó que el doctor Tabaré Vázquez advirtiera de los peligros sobre el nivel de vida de la población que significan tanto la carta de intención firmada con el FMI como el canje de bonos, para que se desatara una verdadera caza de brujas.
Ya anteriormente cuando el presidente y el vicepresidente del Encuentro Progresista – Frente Amplio viajaron a EEUU para recibir de primera mano información sobre este grave tema, que estaba oculto, aparecieron los primeros síntomas de agresividad.
Desde quienes afirmaban que no los iban a recibir figuras de primera línea, hasta quienes decían que esto dificultaría la negociación del gobierno uruguayo.
Ninguna de las dos conjeturas fueron confirmadas.
Las autoridades de la izquierda uruguaya fueron recibidas al máximo nivel y reconocidas como personas serias y creíbles, sin anteojeras, capaces de asumir las responsabilidades de un gobierno nacional.
Pero lo que sí quedó claro es que la oposición al actual gobierno no confía en su política económica. Que el peso de la crisis se seguirá descargando sobre trabajadores, jubilados y sectores productivos..
Es más , desde la extrema derecha comenzó una campaña callejera, sobre que Tabaré y Nin «aman al FMI».
Luego Tabaré planteó con fuerza su preocupación por el peso de la deuda externa y sus efectos no sólo para la población sino para el próximo gobierno.
¡Para qué! Se desataron todos los demonios. Resurgió el lenguaje macartista, acusándolo de «traidor a la patria» por parte de colorados y blancos y pasando por el desprecio de clase de un abogado especialista en temas financieros y en la creación de las SAFI (Sociedades Anónimas Financieras).
También surgió desde el Frente Amplio una voz solitaria, en apoyo al gobierno .
Por supuesto que hay quien tiene derecho a confiar en el gobierno, de la misma manera que habemos quienes tenemos el mismo derecho a desconfiar, en cómo está negociando y en su política económica; serán los hechos definitivos los que echarán luz sobre el canje y los costos sobre el país y las generaciones futuras.
En Brasil hicieron campaña contra Lula, para impedir su avance, hasta inventaron el lulómetro, que significaba contabilizar cómo subía el «riesgo país» cada vez que ascendía el porcentaje de apoyo a Lula.
Ahora en Uruguay acuñan el «Riesgo Vázquez», «que es un riesgo cada vez que sale a la palestra». A eso le suman el lenguaje de la Guerra Fría y desde un suelto de El País afirman: «Como en tiempos de Stalin, de Nikita, de Beria, nadie puede ir contra sus dichos y afirmaciones» .Terrorismo verbal.
La crisis financiera y el desfalco bancario hecho por una oligarquía financiera con nombre y apellido, de los cuales algunos están presos y otros están prófugos, han descargado sobre los tres millones de uruguayos una carga pesada que la pagaremos por muchos años.
El riesgo país está basado en problemas estructurales, tanto en el monto de la deuda externa, como en liquidación de nuestra estructura productiva y su dificultad exportadora, apostando a una libre importación en detrimento de la produccción nacional y a una plaza financiera dolarizada, que ante el vendaval bancario nos dejó con un déficit abismal y un modelo insustentable.
Pero no contestemos en el lenguaje de la diatriba ni perdamos la calma.
A los muchachos de los partidos tradicionales les recomendamos tilo, mucho tilo, cada vez que lean las encuestas que nos dan por encima del 50% en los pronósticos electorales para 2004.
De la misma forma que Lula lanzó el Plan hambre cero, aumentó el Salario Mínimo Nacional de 200 reales a 240, prácticamente el doble que el Salario Mínimo en Uruguay y el Riesgo País se redujo a la mitad de cuando lo recibió, si mañana las fuerzas progresistas gobernaran, crearemos las condiciones para la confianza, para el desarrollo productivo y para la reactivación del Mercosur.
Pero nuestra preocupación esencial es cómo vivirá nuestro pueblo en el período que le resta al actual gobierno, más que en cálculos electorales.
El nivel de vida de la gente, apostar a un programa creíble de cambios y a una profundización de la democracia que respete la división de poderes del Estado.
Así iremos construyendo el futuro. *
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