La mentira basada en el miedo

La ley de impunidad que impidió enjuiciar a los responsables del golpe de Estado y de la violación de los derechos humanos, parece que ahora va a tener una segunda versión.

La confirmación del procesamiento del doctor Juan Carlos Blanco, ex canciller de la dictadura acusado de ser coautor del secuestro de la desaparecida maestra Elena Quinteros, y la denuncia ante la Justicia de Juan María Bordaberry por el asesinato ocurrido durante su presidencia constitucional de ocho obreros comunistas, ha sensibilizado a muchos dirigentes colorados y blancos, quienes defienden la necesidad de promulgar una ley de punto final, para proteger a civiles comprometidos con el régimen de facto.

Si bien esta nueva ley es con nombre y apellido porque se presentará con el objetivo de salvar a Blanco y a Bordaberry  lo que nos hace imaginar una campaña plebiscitaria que diga «Vote contra la ley Bordaberry-Blanco» , creo que hay que mirar un poco más lejos.

No creo que a algunos dirigentes colorados y blancos les interese mucho la suerte de estos dos tristes personajes, sino que visualizo que detrás de esta iniciativa de reactualizar una discusión ya decidida por un plebiscito, hay móviles políticos siniestros.

Los ideólogos de la derecha saben que si el país enfrenta las próximas elecciones nacionales debatiendo sobre la situación social y económica, le será muy difícil a los colorados y blancos mantenerse en el gobierno. Por eso buscan quitar de la polémica los grandes temas de la sociedad uruguaya, agitando los fantasmas de la desestabilización, imponiendo así la falsa contradicción caos-orden que tanto rédito les diera en el pasado, cuando el gobierno de Jorge Pacheco Areco.

Si bien ellos y nosotros sabemos que el país no corre ningún peligro del punto de vista de la institucionalidad democrática, al mejor estilo de George W. Bush tratarán de trazar una nueva línea divisoria entre los uruguayos: los que están con el eje del bien (el orden), contra los que están con el eje del mal (el caos). Actitud similar a la que está sosteniendo Aznar, cuando habla de la existencia de dos Españas, para detener el avance de las fuerzas progresistas en ese país, expresada en la creciente unidad en la calle del PSOE y de Izquierda Unidad.

La idea del presidente español es cortar a ese país en dos, donde por un lado esté el eje del bien con su particular forma de entender la libertad a costa de un genocidio y por otro el resto, los del eje del mal, comprometidos con el terrorismo, fundamentalismos y tiranías, según su discurso.

En el caso de nuestro país ellos buscan confundir al electorado uruguayo para así decidir la permanencia de colorados o blancos en el poder. La receta es agregarle más miedo al miedo. Ayer fueron los tanques rusos o el impuesto a la renta, hace pocas horas fue porque Tabaré Vázquez dijo la verdad sobre la crisis del país, ahora porque hay quienes dicen que hay inquietud de altos oficiales y sectores militares. Todo para que el país no abrace el camino del cambio.

Si ahora quieren salvar a Blanco y a Bordaberry no es sólo por el pellejo de estos dos personajes, sino que es para tapar la responsabilidad histórica de algunos sectores dirigentes de los partidos Blanco y Colorado con el golpe de Estado y sus consecuencias y todo el proceso de la dictadura que bien definimos siempre como «cívico-militar».

Realizan esta movida indignados y temerosos por los resultados de la Comisión de la Paz, al quedar demostrado que ninguno de los desaparecidos cayó durante enfrentamientos militares, sino que cayeron bajo la tortura y el genocidio. Cae así por tierra todo el montaje ideológico de los dirigentes colorados y blancos que justificaron el golpe de Estado diciendo que fue producto directo de una guerra interna. Planteo que se quiere reeditar para impedir el entendimiento de amplias mayorías populares y de sectores políticos que apuntan a ganar el gobierno y comenzar la hora de los cambios en el país.

Estamos ante un gran tema que tiene que ver con la justicia, con la dignidad y los valores de la patria de Artigas, pero también con la recuperación de la verdad histórica. Sería trágico que el país siguiera transitando el siglo XXl con la idea de que los años de plomo fueron responsabilidad de todos por igual.

Si esto ocurriera, se estarían creando las premisas para futuras desestabilizaciones institucionales. Por eso con inteligencia y con la gente, hay que parar esta mentira basada en el miedo. *

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