Escrito por: CARLOS SANTIAGO
La muerte de Ernesto de los Campos debe enlutarnos a todos ya que abandonó la vida un hombre en la plenitud de su capacidad creadora, Ãntegro, que durante toda su existencia encabezó la lucha en la difÃcil causa de los humildes. Un hombre con una tradición de lucha que, como tantos otros, fue perseguido por la dictadura, debiendo ampararse en la solidaridad de amigos en Brasil.
Las anécdotas de Ernesto son infinitas. Tiene aquellas, por ejemplo, que lo vinculan con el apacible balneario Aguas Dulces, adonde llegaba desde su exilio para reencontrarse con los suyos. Pero también las relacionadas con su lucha incesante para que las ideas que compartÃa con sus compañeros crecieran en el ámbito de la opinión pública. Fue fundador del semanario “Convicción”, exitosa publicación que compartió con Rubén Caggiani y VÃctor Vaillant, todo un hito significativo en la salida de la dictadura. “Convicción” fue clausurado por un histórico reportaje realizado a Wilson Ferreira Aldunate, que fuera publicado sin especificar el nombre del declarante. ¡Era innecesario! Tras esa nueva arbitrariedad su lucha no cesó. Ernesto impulsó otra publicación, “La Voz de la MayorÃa” y luego al diario “Tiempo de Cambio”, una propuesta lúcida que, por distintas razones, no pudo ser sostenida.
Ya restablecida la democracia, Ernesto fue designado por el Partido Socialista como director de “Alternativa Socialista”, un semanario que se nutrió con las tradiciones fermentales de sus antecesores, “El Sol”, dirigido por Emilio Frugoni, “Izquierda”, que contó con la orientación de Vivian TrÃas y “El Oriental”, último semanario del Partido Socialista que circuló en los tiempos previos al golpe de Estado, y que dirigió el hoy senador Reinaldo Gargano. Es de destacar que esta publicación fue clausurada en el marco de una acción de censura que, irónicamente, se llamó “Operación mordaza”. “Alternativa Socialista” fue a reflejo de las convicciones de Ernesto. Moderno, en su concepción gráfica y periodÃstica, polémico y a veces duro, en su lenguaje. Un semanario que sirvió de escuela formativa para muchos periodistas que hoy están en actividad, que manejó como inclaudicable orientación la de imponer técnicas periodÃsticas, dejando de lado las visiones estrictamente partidistas.
Un tiempo antes, todavÃa en plena clandestinidad, cuando el oscurantismo de facto comenzaba a derrumbarse, Ernesto se integró a la dirección del Partido Socialista. Los que participaron de esas reuniones en que se intentaban consolidar las bases de la organización que debÃa en poco tiempo trabajar a la luz de las libertades democráticas, lo recuerdan como una persona de convicciones firmes, portador de ese pragmatismo a toda prueba, que era su marca de lucha. Para él la retórica teórica era en ocasiones innecesaria, ya que preferÃa encaminar sus planteos por el camino de las profundas experiencias que lo habÃan moldeado en el marco de los tiempos del sufrimiento colectivo.
Cuando Ernesto se integró al gobierno comunal que encabezó Tabaré Vázquez, mostró otra de sus facetas. La de un ejecutivo inteligente, capaz de actuar en los cargos más difÃciles, resolviendo con el mismo pragmatismo temas como el de los proveedores, que no habÃan sido resueltos por decenios en la IMM.
Murió en la plenitud de su capacidad creadora. Un hombre digno y responsable, Ãntegro y desinteresado. Con Ernesto se podÃa discrepar, pero era imposible cuestionar aspectos de su vida. Se lo podÃa enfrentar en la polémica, pero sabiendo que allà estaba un personaje entrañable que, como en las publicaciones que dirigió, combatÃa por sus convicciones con la máxima dureza.
Murió un hombre Ãntegro. Un amigo.
Un compañero. *
OTRAS NOTICIAS EN LARED21