Una prisión injusta e inhumana

El lunes 7 de abril se abre la segunda instancia del juicio que por apelación debe resolver el caso de cinco patriotas cubanos cuyo delito fue infiltrarse en las 16 organizaciones que desde Miami preparan ataques contra Cuba una y otra vez. Gracias a ellos se pudo evitar el atentado contra Fidel cuando en Isla Margarita en Venezuela, tenía lugar la VII Cumbre Iberoamericana, porque se los detuvo en las costas de Puerto Rico cuando transportaban fusiles de asalto con mira telescópica calibre 50 y sus municiones, dirigidos por Luis Posada Carriles, el que puso una bomba en un avión de Cubana y mató a 70 personas.

El 28 de marzo la revista Caras y Caretas, Mateo Grille en la página 18, hace un muy buen artículo sobre el tema. Las autoridades cubanas informan nada menos que al FBI en 1998 de los atentados frustrados y de los que podían estar en reparación, en cuatro carpetas de 1.200 hojas, casi tres horas de material de video y ocho cintas de audio, con las pruebas de esos planes. El FBI prometió ponerse en contacto con Cuba, pero en su lugar, dos meses después apresaron a los cinco cubanos que se habían infiltrado en las organizaciones terroristas del exilio cubano y no en ningún organismo de los EEUU. La propia CIA y la mayor parte de los gobiernos tienen su propio servicio secreto en los demás países y se declara públicamente.

Desde entonces, Gerardo Hernández, René González, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González comenzaron a vivir un calvario, y el juicio celebrado en Miami fue una parodia, porque ahí viven más de 800.000 cubanos enemigos acérrimos de la Revolución Cubana. Tres fueron condenados a cadena perpetua y los otros dos a 19 y 15 años de prisión, sin que nunca hayan intentado asesinar a nadie sino más bien evitar muertes de inocentes.

Del hueco a la caja: Hoy los cinco cubanos sufren en cinco cárceles en distintos estados de la Unión, no se les permite ver a sus familiares, ni ver ni llamar a sus abogados. Estaban en un confinamiento solitario conocido como el «hueco», pero ahora pasaron a «la caja», una celda donde no se puede dar tres pasos, que no tiene ventanas, donde la comida pasa por una rendija, donde no se distingue el día de la noche, con dos tubos de luz encendidos las 24 horas del día, no se puede hablar con nadie «y sólo escuchan los gritos de otros presos en iguales condiciones que ya quedaron dementes, porque es esa la idea».

El viaje del Presidente Batlle. Con Jorge Batlle entramos juntos a Facultad, en 1947, y estuvimos presos en 1972. Los dos sabemos lo que es estar preso y cómo debe ser de terrible vivir en una «caja». Son razones de humanidad las que me impulsan a pedirle que de ser posible, se interese en su viaje por esta angustiosa situación. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje