Las heridas duraderas provocadas por la guerra
La campaña militar y genocida llevada adelante por la aviación y los ejércitos del Reino Unido y los Estados Unidos en Irak ha entrado en una fase de agravamiento difícil de imaginar.
Ninguna noticia de la muerte de civiles, ningún pronunciamiento de gobiernos o de autoridades religiosas ha menguado el feroz impulso de la ofensiva.
El agravamiento de la situación, sobre todo para los varios millones de civiles atrapados en los escenarios de batalla en Basora, Karbala y decenas de otros poblados, pero sobre todo en Bagdad, asisten a la destrucción de sus casas, sus hospitales y a la muerte de sus familiares o vecinos.
En la noche del sábado para el domingo, tal como informa
LA REPUBLICA en su edición de ayer, una columna de tanques convirtió a la capital iraquí en el centro de una descomunal batalla entre tanques y vehículos artillados con las resistencias de las tropas iraquíes.
Mientras, la feroz descarga de misiles y bombas continúa sobre la ciudad mártir.
Al mismo tiempo, las declaraciones del Presidente de los Estados Unidos siguen sorprendiendo por la alta concentración de brutalidad y de cinismo: «Pueblo a pueblo, la liberación está llegando».
Lo que sí se sabe que están llegando son los «planes para la posguerra» trazados en los Estados Unidos. Junto a ellos las protestas de sus aliados británicos que anhelan también los gigantescos contratos para la reconstrucción.
Mientras tanto, para terminar de configurar un escenario monstruoso, tal como cuenta una crónica de Rosa Townsend, corresponsal de El País de Madrid, «el Grupo de Operaciones Especiales, la rama más secreta de la CIA, ya ha tomado posiciones dentro de Bagdad. Todo lo prohibido legalmente les está permitido: tienen licencia para matar, sabotear, sobornar y ejecutar operaciones de guerrillas.»
Para esta ciudad cercada y bombardeada, sometida a las más inauditas expresiones de la violencia por parte del Estado más poderoso del planeta ¿dónde han quedado los avances civilizatorios?
¿A qué se han reducido los Tratados internacionales, la existencia de la Organización de las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad?
La contrapartida de este cuadro sublevante la denunció con claridad Pérez Esquivel cuando sostuvo que «el mundo asiste a este horror desencadenado simplemente para repartirse el botín, como aves de rapiña. Ya antes de tomar Irak se están repartiendo los recursos, viendo quiénes van a explotar el petróleo».
Hace apenas unos días, Richard Perle, uno de los más activos propulsores de la guerra, abandonó su cargo en el gobierno en medio de un clima de escándalo: había aceptado un contrato de más de 700.000 dólares de una empresa –Global Crossing– para hacer lobby en su favor ante el gobierno que integraba.
Se podría argüir que, en todas las guerras, después de los heroicos soldados llegaron los ávidos mercaderes y los sórdidos agentes de los bancos especuladores.
Sucede que nunca como ahora los agentes directos del poder económico, en algunos casos con expedientes judiciales abiertos por la comisión de delitos en las empresas que dirigían, han tenido en sus manos las decisiones más trascendentes para una nación.
Además, nunca como ahora algunos de los entretelones se conocen y ponen en evidencia la flagrante falsedad de las invocaciones que, ahora mismo, se están formulando por las autoridades del país agresor.
Un cuadro del que, como se ve, saldrán lastimados no sólo los cuerpos lacerados de los civiles de Irak sino también la credibilidad de las organizaciones internacionales y del propio Estado norteamericano. *
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