El Carnaval y las armas del humor
Dice una famosa canción que la diferencia entre la tristeza y la felicidad es que una no tiene fin y la otra sí. El Carnaval como tiempo de alegría y felicidad popular pasó, pero como fenómeno artístico y cultural perdura al dejar en la memoria del pueblo carnavalero, de miles de espectadores y oyentes, canciones y personajes que calan hondo en el alma de la gente.
Estas líneas quieren referirse al suceso del reciente Carnaval, que nos conmovió con su fantasía disparatada, y que nos hizo sentir a todos plenamente identificados con este personaje sin par.
«Buenas noches amable concurrencia/ Soy ‘Jorgito’ el payaso divertido/ Les aviso que sufro de demencia,/ disculpen los posibles desvaríos/ Ya tengo varios números grandiosos/ Ya saben cuál es el más aplaudido/ Me meto hasta el cogote en cualquier río/ Y cambio de caballo a la mitad./ Soy muy hábil caminando de rodillas/ Es un número que tengo practicado/ Funciona siempre a las mil maravillas/ En los países donde lo he mostrado/ A veces para conseguir más plata/ Ya tengo una artimaña preparada/ Me arrastro como víbora quemada/ Después de que me bajo el pantalón».
La arrogancia y la mezquindad que se pavonean sin ton ni son por allá arriba, fueron abatidas por el ridículo y el humor de una sátira demoledora y punzante, que no necesitó agraviar, pero pegó en el clavo, logrando en los pocos minutos que dura el cuplé sintetizar tres años absurdos del poder.
«Tengo un acto grabado en video/ También con los hermanos argentinos/ Insulto, me hago el macho y le erro feo/ Y cruzo a llorisquearles a los vecinos/ La verdad que la erré, pero enseguida/ Pedí perdón y cosa superada.
Coro. Si querés ir tapando las cagadas/ Empezá a pedir perdón en Uruguay».
Por lo que venimos consignando, este año me sentí como muchos identificado con la propuesta de Momolandia, la gran murga de Belvedere, con los textos de Yamandú Cardozo y con la formidable actuación de Walter Brylka –Cucuzú– la figura del Carnaval 2003 (premio oficial) en su memorable papel de payaso Jorgito.
Todos ellos obtuvieron 5 menciones en 9 nominaciones y un cuarto premio, avaro con lo demostrado. Pero lo más importante fue que llevaron la risa a todos los tablados y el público les devolvió ovaciones sanas y divertidas.
Fue una catarsis en el sentido más estricto de su significado pues liberó nuestro inconsciente de los recuerdos traumáticos de este gobierno de coalición.
Es que la gente está aburrida y fastidiada del pontificado de la mentira. Por ello Cucuzú y el coro rematan su actuación cantando:
«En los años que llevo de payaso/ Ofrecí grandes números grandiosos,/ Ofrecí varias cosas como al paso/ Y siempre me ofrecí a los poderosos/ Aplaudan uruguayos del presente/ Y aplaudan uruguayos del mañana.
Coro. Te vamos a aplaudir de buena gana/ El día que termine tu función».
Y cuando Cucuzú se despide, cerrando el cuplé más festejado del Carnaval 2003, lo hace con una moraleja que desde mi corazón ofrenda al pueblo uruguayo, y a pura sapiencia nos dice:
«Y ahora les dejo una moraleja/ para que tengan muy presente/ el que nace para payaso/ ¡nunca! Va a ser un buen presidente».
Y vaya que tiene razón. *
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