Hablando de quitas
Han continuado de manera perseverante las críticas y escándalos en torno a la propuesta del EP-FA, planteada por Tabaré públicamente, referidas a la conveniencia o necesidad de negociar una quita a la hora de la refinanciación de la deuda pública. Se insiste en el carácter «amistoso» del planteo oficial y en que el reperfilamiento debe hacerse sin premios en tasas de interés, porque «es lo que hay», sin nada más.
Entonces me puse a pensar.
El costo de la vida ha crecido el veintiséis por ciento el año anterior. Sin embargo, el gobierno ha resuelto que el ajuste salarial de sus empleados sea del tres por ciento. También se ha resuelto que el cálculo del índice medio de salarios se realice sobre los sueldos líquidos, con lo que ha resultado un ajuste de las jubilaciones del orden del uno con treinta y ocho por ciento. ¡Menudas quitas!
En lo que refiere a los trabajadores privados, desde que ha asumido el actual gobierno no ha habido ninguna convocatoria para que se negocie un ajuste salarial en la actividad privada, con lo que la mayoría de los trabajadores privados se encuentra sin modificación de sus salarios nominales desde hace la friolera de dos años. Conviene detenerse un poquito en esto. Hace dos años que el grueso de los trabajadores de la actividad privada no ha tenido ningún ajuste salarial porque el gobierno no cumple con una de sus obligaciones primarias que debe instrumentar a través del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. ¡Vaya quita!
Los trabajadores que tienen sus ahorros previsionales en alguna AFAP, los tienen invertidos, mayoritariamente, en títulos de deuda pública. Y el día que resuelvan y puedan jubilarse, su AFAP les entregará el dinero líquido que resulte de vender sus bonos a la cotización de mercado, que, como se sabe, les implicará una quita muy superior de aquella modesta que está propuesta desde la oposición frentista. ¡Flor de quita!
Los escribas gubernamentales se excusan, explicando que estas determinaciones están motivadas en la circunstancia de que la población no soporta más una nueva carga impositiva. Aunque los más audaces agregan que –ante la imposibilidad de imponer más tributos– queda, únicamente, el recurso del impuesto inflacionario que está implícito en cada empuje del costo de vida.
Allí es donde lo invito a usted a que grite ¡pica!, como cuando jugábamos a las escondidas, ¿recuerda? Porque desde hace bastante tiempo, por la vía del bendito impuesto inflacionario, se vienen haciendo quitas «nada amistosas» al conjunto de los asalariados y jubilados. *
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