Un desafío para 2004

Se dio a conocer el viernes –y LA REPUBLICA lo difundió en su edición de ayer– el resultado de una encuesta de opinión sobre intención de voto de los uruguayos. La gran sorpresa radicó en el hecho de que por primera vez en la historia –con la salvedad del resultado electoral en Montevideo en 1989– el Partido Colorado aparece relegado a un tercer lugar en las preferencias de los ciudadanos. Sin duda, una noticia difícil de digerir para un partido acostumbrado a ser gobierno, pues prácticamente lo ejerció casi sin interrupciones desde los albores del país independiente.

Pero más allá de este dato curioso, importa analizar los significados que subyacen bajo las cifras objetivas.

En primer lugar, se confirma la predominancia absoluta de la izquierda en las preferencias del electorado, con algo más de la mitad, en una posición de la que parecería imposible desplazarla; los analistas políticos coinciden en que, salvo la ocurrencia de un milagro económico –una hipótesis más que quimérica– que devolvería la confianza de la población en los partidos históricos, o una reiteración de errores de la oposición –hipótesis menos descabellada–, la posición del EP-FA con la adición del NE no variará de aquí a octubre del año próximo.

Los partidos históricos o tradicionales sufren el desgaste de muchos años de alternancia en el gobierno y, sobre todo, de las últimas administraciones caracterizadas como cogobierno, en las que colorados y blancos compartieron la responsabilidad del deterioro que sufrió el país. Así parece percibirlo la población que, harta de promesas incumplidas, de vicios irritantes y de frustraciones, dirige su mirada esperanzada hacia una fuerza política distinta, con una imagen nueva e incontaminada. Por otra parte, los viejos recursos a que apelaba la derecha para desestimular una posible inclinación a votar a la izquierda –tanques rusos, muros de Berlín y otros ridículos pero eficaces cucos– han perdido poder atemorizador. Y los nuevos recursos de alertar sobre caos económico en caso de triunfo de la izquierda ya no son eficientes en razón del caos económico y social que ha resultado de la gestión de blancos y colorados. Todo ello explica fácilmente el vuelco del electorado hacia las propuestas progresistas.

Pero también es preciso señalar todo lo que de castigo a los políticos tradicionales conlleva ese vuelco. Esa gran mayoría silenciosa, esa masa ciudadana que ofició de péndulo para decidir una elección entre uno u otro de ambos partidos históricos, ha cambiado de dirección y se inclina ahora hacia una tercera opción que no es en rigor sino la única alternativa de cambio luego del proceso de mimetización sufrido por blancos y colorados.

Al respecto, cabe apuntar que el crecimiento del Partido Nacional debe leerse como la respuesta de la ciudadanía a la ruptura de la coalición con el Partido Colorado y al distanciamiento que los blancos han tomado respecto de la gestión de gobierno.

Como conclusión, debemos advertir que los resultados de esta encuesta de opinión suponen un desafío a las fuerzas progresistas y exigen de éstas –de su dirigencia y de sus militantes– no bajar los brazos y redoblar esfuerzos para que esta intención de voto se plasme en las urnas en octubre de 2004. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje