¿El Cuqui se nos izquierdiza?
Lo justo es justo, como señalar cuando el Cuqui «emboca» y tiene aciertos. Estuvo bien y es de destacarlo el concurrir al Sunca y dialogar con ellos. Es obvio que no fue para hacer proselitismo tratando de convencer o atraer sus simpatías con dirigentes y gremio enfrentados de siempre con sus posiciones ideológicas.
Pero tener diálogo y consultar sobre temáticas de innegable trascendencia para el país con una fuerza de la importancia de dicho gremio es demostrar una visión menos cerrada y más amplia que la tradicional a la que habitualmente nos tenía acostumbrados.
Los años, es obvio que enseñan. Al partido Blanco hay que por lo menos recrearlo con brisas refrescantes. La izquierda radical sería muy exagerado exigírselo al Cuqui, pero sí empezar a sacarlo de esa caverna troglodita que representa por ejemplo el diario «caganchero» y posiciones sustentadas en los últimos años con las coaliciones con colorados y afines.
Para el senador Larrañaga es evidente dada su extracción y cultura política wilsonista ser progresista y promover cambios estructurales radicales como pueden ser la reforma de las estructuras agropecuarias y bancarias.
Pero Lacalle, que ha cultivado prolijamente la derecha, Banca, Cámara del Bien Raíz, Bolsa de Valores, colectividades vinculadas a las inversiones fiduciarias, etc. es interesante y auspicioso que gire aunque sea discretamente un poco, a la izquierda.
Es obvio que es muy difícil satisfacer por parte del gobernante a todo el espectro político. «Hay que ponerse el filo de la mano verticalmente entre los ojos y elegir qué sector se prefiere servir», decía algún aspirante a filósofo político.
Al flanco derecho de la mano, la banca, inversionistas, multinacionales, bolsas de valores, algún imperio, grandes familias latifundistas bien apellidadas, alguna colectividad fiduciaria, etc., que serían no más de un 15% de la población privilegiada. A la izquierda, peones, obreros, empleados, «laburantes» en general, pequeños comerciantes y productores, jubilados y gente sin trabajo, en buen romance la «plebe» o «pulgosos», entre los que me cuento yo por supuesto, que somos el otro 85% restante.
No revelo ningún secreto de estado al decir que el Cuqui prefería el 15% notoriamente. Y lealmente, no lo ocultaba. Doy fe. Pero últimamente, lo veo interesado y abriéndose hacia el populismo «zurdo».
Me podrán decir que no pasa de una «pose». Puede ser. Pero permítanme, como blanco y herrerista ilusionarme, al decir del turco Isi viejo caudillo partidario, por un «ratito» siendo «crédulo» La Divina providencia, para los que somos creyentes, hizo y puede hacer milagros prodigiosos.
Por ejemplo, la multiplicación de los panes y los peces. ¿Quién les dice que Tata Dios quiera repetir otro «fenómeno espectacular» e izquierdice al Cuqui, subliminalmente induciendo a acuerdos con el Sunca?
¡Por ahí se le ocurre defender en lo internacional a Arafat, Chávez o Fidel y en lo interno programar una reforma agraria, y nos rompe todos los esquemas!
Pero milagros esotéricos al margen, acertó con la visita al Sunca. No se puede «dividir la patria con un alambrado: de este lado los que la hicimos y del otro los que la quieren destruir». Ese aserto fue una sencilla monstruosidad producto de un fanatismo «precolombino». Estoy seguro que Zapicán, Abayubá y Vaimaca Pirú lo hubiesen desaprobado con escándalo. Ni el «bolche» más recalcado pienso que pueda querer destruir nuestro paisito charrúa. ¡No se puede dividir la familia oriental! Pero, en esta nueva etapa, según parece, de aperturas más lúcidas y humanistas del presidente del Honorable, que espero siga cultivando, a la que también en el mismo trillo debería independizarse como nacionalista de la adhesión a la internacional democristiana de Aznar y el Mayor Oreja –(antes que al «viejo» abuelo se le ocurra levantarse de la tumba y correrlos a los godos a «patadas» del Partido)– trae nuevas expectativas tan necesarias para los blancos.
Colmaría nuestras modestas aspiraciones, si jurase sobre las Sagradas Escrituras o sobre el Talmut al cual él es tan afecto, no volver a hacer campaña por un Batlle ni por ningún colorado y mucho menos –¡por amor de Dios!– fomentar que se grite: ¡por fin juntos!
Espero, tal vez, nos pueda hacer caso.
Como dicen los árabes; ¡Dios es grande! ¡Tengamos fe! *
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