Un futuro sin crédito internacional

Los partidarios de seguirle mintiendo al pueblo, han salido como desaforados, tras las serias, lógicas y éticas declaraciones del compañero Tabaré Vázquez, relativas al estado desesperante en que se encuentra el enfermo, cuasi terminal, cuya internación primaria en el CTI ha dejado paso a la no menos preocupante intromisión en el FMI.

Máxime cuando el equipo de intensivistas está comandado por los aprendices de Drácula, dado que Bensión ha pasado a cuarteles «de invierno», convenientemente regido por los organismos internacionales. Como si se tratara de un nuevo «look» surgido de algún «coiffeur» de moda, o más dramáticamente, del producto de una drástica cirugía plástica, se han sustituido los desgastados y perimidos términos «refinanciación» , «reprogramación» ,»renegociación», etc., por un neologismo de moda : el «reperfilamiento» de la deuda, que no es otra cosa que la misma porquería, pero con otro collar, la misma mona con otra seda.

En dos largas sesiones, el FA ampliado, ha efectuado una profunda evaluación analítica del grave momento que vive el paisito.

Y se visualiza, con claridad, que el gobierno ha abandonado la estrategia suicida de la baladronada de la «sustentabilidad»: «Podemos cumplir con todos los compromisos asumidos en los plazos comprometidos«, por otra no menos suicida pero más realista y entreguista de «como no podemos cumplir, tirémosle la pelota hacia adelante, y firmemos una carta (mal)intención(ada), tratando de diferir y cargar las obligaciones a partir de 2005, para asegurarnos que el próximo gobierno, que ojalá que sea del FA, tenga los máximos problemas posibles, que nos permitan, coalición de derechas mediante, volver al poder lo antes posible».

De la primera Mesa Política, rescatamos una intervención del compañero Vaillant, de enorme valentía por la coyuntura, de excelente visión y de ubicación realista:

«Debemos asumir, hacia adentro, una propuesta clara, basada en la realidad de cómo vamos a gobernar SIN CREDITO INTERNACIONAL«.

Porque, efectivamente, estamos en la etapa terminal, de estas perversas relaciones capitalistas metrópolis-periferia, en la que, más temprano que tarde, la bola de nieve de una deuda mayoritariamente espuria y sus leoninos intereses se volverá imparable tal como ahora ya aparece impagable. Y ni que hablar si pensáramos en una reactivación. No podemos pensar en una mínima reactivación, si no dedicamos todos los huevos producidos a ella, y pensamos en seguir enviando parte de ellos a los acreedores.

La problemática financiera de la deuda externa tiene dos componentes esenciales e inseparables. Uno tiene que ver con los elementos «técnicos», propios de la materia financiera, que rodean la parafernalia del lenguaje tecnocrático: los montos de la deuda, los intereses, los plazos, la refinanciacion, la reformulación, el reperfilamiento e tutti quanti.

El otro componente, perverso, solapado, taimado, semioculto, es el de las «cartas intenciones», o más concretamente, de los anexos y agregados secretos que éstas tienen, generalmente escondidos en letra chiquita, y que los gobiernos genuflexos y obsecuentes como el de turno, aceptan a ojos cerrados. Porque si es cierto que el imperio nos invade, no es menos cierto que su ingreso es facilitado por los malos orientales y peores americanos que les facilitan las llaves.

Que hay que poner garantías reales, como ser, nada menos que las empresas públicas, de una deuda que ya ellos mismos saben que es imposible de cobrar, y que ya han cobrado varias veces. Que hay que ir entregando pedacitos de poder, de soberanía y de dignidad, en cumplimiento de lo que expresa cada una de esas cláusulas semiocultas.

Y que para eso hay que disimular de cualquier manera, cualquier idea que pueda aparentar oposición a los dueños del mundo. Por lo cual no se puede decir que estamos en contra de la guerra, aunque lo estemos. Y que tenemos que echarle la culpa a la ONU, y no mencionar a los yanquis. Y cuidado con cambiar el término guerra, por invasión. O de pensar cambiar el voto contra Cuba.

Y entonces viene la pregunta final. Recibiremos, en el mejor de los casos, un país totalmente fundido y, lo que es peor, miserablemente entregado en su soberanía y en su dignidad. ¿Alguien piensa que con el «nuevo gobierno», se acabarán las «cartas intención»? ¿Alguien piensa que se podrán obtener condiciones menos leoninas en la parte de negociación técnica de la deuda, y al mismo tiempo, exigir respeto ante los ataques a la soberanía y a la dignidad?

Mal que nos pese, en el esfuerzo mental que ello nos conlleve, tenemos que empezar a pensar en un futuro «post mortem», sin financiamiento de los buitres que hoy se devoran nuestras entrañas. Tal como lo planteó con meridiana claridad el compañero Vaillant.

Habrá un mañana, difícil, traumático, pero venturoso de los pueblos del mundo sin la presencia nefasta y asfixiante del capitalismo y sus secuaces internacionales, o no habrá futuro.

Es bueno que empecemos a habilitar y habituar nuestras mentes a esa idea.

Cuanto antes nos preparemos, mejor. *

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